Tucumán: El radicalismo y el PRO, entre la parálisis de las intervenciones y el dilema libertario
La crisis de los partidos tradicionales en la provincia se profundiza por la falta de autonomía institucional. Con plazos vencidos y autoridades foráneas, tanto la UCR como el PRO debaten su futuro entre reconstruir Juntos por el Cambio o sucumbir ante el avance de La Libertad Avanza.
La UCR: Una intervención que se prolonga en la incertidumbre
El centenario partido cumplió un año y un mes bajo la tutela de Hernán Rossi (Presidente de la UCR Capital) y Jorge "Colo" Rizzotti (Diputado Nacional por Jujuy). Aunque el plazo inicial de la intervención era de un año, el reloj sigue corriendo sin que se vislumbre una convocatoria a elecciones internas.
La interna radical no solo es una cuestión de nombres, sino de identidad política. Hoy, el partido se encuentra fracturado en dos cosmovisiones:
El ala aperturista: Sectores que ven con buenos ojos una sintonía fina con el gobierno de Javier Milei y La Libertad Avanza (LLA).
El ala institucionalista: Aquellos que bregan por reflotar el espíritu de Juntos por el Cambio, manteniendo una distancia crítica del oficialismo nacional.
La "normalización" depende de un delicado equilibrio que podría resolverse mediante las urnas o un consenso que hoy parece lejano. Para desandar el camino hacia la normalización primero se debería organizar la Junta Electoral que fije un cronograma para las internas.
Hay un planteo en la Cámara Nacional Electoral, realizado por el sector liderado por el legislador Agustín Romano Norri, para agilizar los plazos de la normalización.
La UCR, que suele hacer gala de la institucionalidad, está en off side: Es que la Carta Orgánica prohíbe que el presidente de un distrito sea interventor en otro y desde hace un mes que Rossi asumió la conducción de la UCR distrito Ciudad de Buenos Aires.
El PRO: En la encrucijada de Macri y Campero
El partido fundado por Mauricio Macri no escapa a la lógica de la intervención. Bajo el mando del santiagueño Gabriel Santillán, el PRO tucumano también navega en un mar de dudas. La acefalía de autoridades locales impide que el partido tome una definición estratégica de cara a los próximos turnos electorales.
La disyuntiva es existencial:
La alianza libertaria: Un sector apuesta a la fusión o un acuerdo programático con LLA, supeditado a la estrategia nacional que baje desde la presidencia de Mauricio Macri a nivel país.
El frente "Cambia Tucumán": La otra opción es alinearse con el espacio liderado por el diputado nacional Mariano Campero. Si bien Campero es de origen radical, ha logrado nuclear a diversos sectores bajo una bandera localista que intenta retener el voto opositor tradicional.
Un tablero de ajedrez con piezas externas
La paradoja de la política tucumana actual es que el destino de sus partidos se decide, en gran medida, fuera de sus fronteras. Con interventores de Buenos Aires, Jujuy y Santiago del Estero, el peso de la "normalización" queda sujeto a negociaciones nacionales más que a la voluntad de la militancia local.
Mientras el oficialismo provincial consolida su estructura, la oposición se debate entre la renovación de sus cartas credenciales o la disolución dentro de nuevas estructuras emergentes. La gran pregunta que recorre los pasillos de las sedes de calle Catamarca y el búnker del PRO es la misma: ¿Quién tendrá la llave para abrir la puerta a la normalización antes de que el calendario electoral vuelva a apremiar?