Caso Érika Álvarez: los mensajes que Justina Gordillo intentó borrar
Un informe forense de 92 páginas desnudó la trama de encubrimiento tras el femicidio de Érika Antonella Álvarez. La pericia recuperó casi 16.000 archivos que Justina Gordillo eliminó antes de su detención, revelando nexos con el narcotráfico y una tensa relación con la víctima.
El avance de la investigación por el femicidio de Érika Antonella Álvarez dio un giro determinante. El análisis tecnológico realizado por el Equipo Científico Fiscal sobre el celular de Justina Gordillo, empleada judicial e imputada por encubrimiento, sacó a la luz una eliminación masiva de evidencia que contradice su estrategia defensiva y fortalece la hipótesis del fiscal Pedro Gallo.
La limpieza digital: 15.957 mensajes eliminados
El dato más impactante del peritaje es la detección de una purga sistemática de información. Entre el 9 de enero y el 1 de febrero de 2026 -periodo que abarca desde el hallazgo del cuerpo hasta la captura de la imputada- Gordillo borró casi 16.000 registros de WhatsApp.
Pese al intento de ocultamiento, los peritos rescataron mensajes, llamadas y archivos multimedia que vinculan a la pareja con actividades delictivas. La actividad de borrado cesó abruptamente al momento de su detención en un country de Yerba Buena.
Narcotráfico y encuentros sexuales grupales
Las conversaciones recuperadas demuestran que Gordillo tenía un conocimiento profundo de las actividades ilícitas de Felipe "El Militar" Sosa, principal acusado del femicidio:
En mayo de 2024, Sosa envió fotos de cultivos de marihuana. Gordillo respondió con asombro por la cantidad, evidenciando que conocía la producción.
En otro mensaje, la mujer le recriminó a Sosa: "Querés vender pastillas y me juzgás a mí", lo que confirma el manejo de estupefacientes en su entorno.
Plataforma Skokka: El informe detectó el uso de portales de oferta sexual para organizar encuentros grupales y tríos, prácticas que inicialmente habían sido negadas por la acusada.
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El video íntimo y la tensa relación con Érika
La pericia destruye la versión de Gordillo sobre no conocer a la víctima. Los investigadores determinaron que la imputada sabía de la existencia de Érika desde junio de 2024 y que el vínculo entre Sosa y la joven asesinada era motivo de constantes peleas.
Por un lado, trascendió que Sosa habría grabado un video íntimo con Érika y se lo mostró a Gordillo, lo que desató un conflicto de pareja. Aunque no se seguían, los peritos detectaron interacciones frecuentes entre las cuentas de Instagram de Gordillo y Álvarez, reforzando la hipótesis de que la empleada judicial monitoreaba a la víctima.
Transferencia millonaria y la teoría de "la cama"
El informe también pone la lupa sobre los movimientos financieros previos a la huida de Sosa. Se confirmó que Gordillo, haciendo uso de un poder bancario, realizó una transferencia por $16,5 millones antes de ser capturada.
En sus últimos mensajes enviados a Sosa (cuando este ya estaba fuera de la provincia), la mujer intentó blindar la versión del sospechoso: "Yo a vos te creo... será que te están haciendo una cama", escribió, al tiempo que aseguraba "revisar mentalmente" los días del crimen para convencerse de que no había visto nada extraño en la casa de Yerba Buena.
Un contexto de violencia y control
Finalmente, el análisis del dispositivo permitió detectar indicios de que la propia Gordillo sufría violencia de género por parte de Sosa. Se hallaron registros de:
Agresiones físicas no denunciadas.
Aislamiento social y escenas de celos extremas.
Abuso sexual: Un episodio donde la mujer relató haber sido drogada y abusada por desconocidos en una reunión, ante lo cual Sosa habría reaccionado con una burla.
Este cúmulo de pruebas tecnológicas será clave para las próximas audiencias, donde se definirá si el encubrimiento de Gordillo fue una acción forzada por el contexto de violencia o una participación activa para proteger intereses económicos y criminales compartidos.