Se pide la nulidad del proceso contra los violadores de Vélez
El jueves se analizó la nulidad del sobreseimiento de Sebastián Sosa, José Florentín Bobadilla, Abiel Osorio y Brian Cufré, denunciados por VIOLACIÓN EN PLURALIDAD. Ahora se abre otra instancia judicial.
Por Carolina Fernández para Página 12
La Justicia tucumana define si tira por la borda de un barco que huele a podrido, la poca honra que le queda: se trata de la posibilidad de revisión del sobreseimiento de los 4 ex jugadores de Vélez.
La decisión está en manos del Tribunal de Impugnación, presidido por la jueza Patricia Carugatti. En el Jardín de la Impunidad, catalogar como objetivo a un tribunal es, lamentablemente, una cualidad excepcional, ya que la sombra del violador condenado a 16 años de prisión, José Alperovich, sigue caminando y ejerciendo el poder casi absoluto del Poder Judicial. No me refiero a un fenómeno sobrenatural, es un hombre de más de 80 años, designado por el mismo Alperovich para cuidar sus espaldas y todos los de su calaña, mucho más si se trata de hombres con poder: Edmundo Jiménez, a cargo del Ministerio Público Fiscal.
"La audiencia tiene por objeto tratar el recurso de apelación deducido por la querella en contra de la sentencia del 30/12/2025 dictada por el Colegio de Jueces (Juez: Dr. Augusto Paz Almonacid) que dispuso el sobreseimiento de Carlos Sebastián Sosa Silva, Abiel Alesio Osorio, Braian Ezequiel Cufre y José Ignacio Florentín Bobadilla", explica la abogada querellante Patricia Neme.
Paz Almonacid es el juez que, con total desparpajo e impunidad, en una audiencia pedida por la querella, "metió" el sobreseimiento después de un artilugio sospechoso entre uno de los querellantes (hoy fuera de ese rol) y uno de los defensores, incorporando el concepto de "resignificación", totalmente erróneo en este caso.
"También se discutirá sobre el rechazo que la misma sentencia de Paz Almonacid dispuso sobre un planteo de nulidad y exclusión probatoria de una pericia que formuló la querella, al considerar que en esa pericia el Ministerio Público Fiscal no respetó los límites dados por la propia Justicia e invadió el campo de privacidad e intimidad de la víctima", continúa.
Luli denunció a los 3 días y llevó, entre otras pruebas, un short con sangre a la fiscalía. Aquella mañana después del hecho, sufrió su primera crisis en un lugar de trabajo. La contención en ese momento por la que hoy es una de sus abogadas, fue importantísima. Sin embargo, como ya sabemos, las denunciantes PIERDEN EN TODO SENTIDO. Es un juego de la oca marcha atrás.
Ella es periodista deportiva y este hecho brutal la obligó a correrse de su hábitat elegido y de deseo: la cancha de fútbol y los medios de comunicación. Sus amigas, con las que asistió a un colegio del Opus Dei, no solo la dejaron de lado, sino que sumaron a su revictimización y escarnio público.
"Es lo que más me duele y me cuesta entender", dice Luli a Las12. El deseo de formar una familia, construir un vínculo, se volvió lejano en su posición subjetiva. "¿Quién me va a querer ahora?", se pregunta.
Una salud mental sostenida a fuerza de tratamientos y medicación es un hilo que a veces se hace invisible. Sin embargo, la lucidez y la necesidad de conseguir verdad y justicia la mantiene en pie.
Con el destino de estos cuatro imputados por abuso sexual con acceso carnal agravado por haberse cometido en pluralidad, se juega la vida de una víctima, arrasada no sólo por estos cuatro: el rol de la fiscal Adriana Reinoso Cuello fue clave para el desmoronamieto psíquico de la víctima.
"En la jornada de ayer nos hicieron lugar a la admisibilidad del recurso de impugnación/apelación para tratar los temas de la exclusión probatoria y del sobreseimiento", informa Neme a quienes seguimos el caso paso a paso. Un minuto a minuto enloquecedor, desgastante, que forma parte del derrotero inhumano al que es sometida cualquier víctima-denunciante.
Pero en el caso de la periodista deportiva, el ensañamiento institucional, social y mediático fue mucho más allá, saltando cualquier marco legal y ético con un objetivo que la propia Luli describe como letal.
"El periodismo buscaba que me suicide", escupe Luli en nuestra charla en un hotel de San Miguel de Tucumán. "¿Qué más quieren? Hasta me armaron una causa espejo acusándome de denunciar falsamente a los tipos que me arruinaron la vida", cuenta. "Mostraron mi cara, dijeron mi nombre y apellido, divulgaron mis chats íntimos y los manipularon para dejarme como una puta y la justicia no hizo nada con semejante revictimización, es claro que hay complicidad", cuenta Luli.
La violencia mediática y judicial ejercida sobre Luli supera el escarnio y desmanejo aplicado a Thelma Fardín en el 2018, sin embargo, hoy en Argentina no contamos con la Defensoría del Público, organismo crucial para frenar el embate caníbal de ciertos medios de comunicación.
Argentina es un escenario desolador, un campo desmontado de derechos para las víctimas. Una puesta en escena dantesca en la que el corrimiento al odio día a día se alimenta de sangre de las infancias, adolescencias, mujeres y disidencias que alzan la voz.
"Todavía pienso que morirme es una opción", dice Luli, quien lleva sobre sus hombros dos intentos de suicidio.
En este contexto, ella levanta la bandera de una vida libre de violencias con la fuerza que le queda y, en este sentido, algo de lo colectivo, la (y nos) salva: la condena firme a Juan Dhartés, después de 8 años de proceso, es una inyección de esperanza para cada una de las infancias, mujeres y madres protectoras, que transcurren su cotidianidad atravesadas por las violencias machistas.