Tucumán devora Mujeres: la debilidad probatoria como aliada de la impunidad
Tras dos décadas sin respuestas en el caso de Paulina Lebbos, Amarú Orlando analiza como el desgaste judicial, la mala conservación de pruebas y los pactos de poder perpetúan la impunidad en Tucumán
En la semana que pasó, la Justicia de la Provincia de Tucumán no respondió quién mató a Paulina Lebbos. El 7 de mayo de 2026 no fue el final de 20 años de desazón y dolor, como esperaba gran parte de la sociedad; fue, una vez más, la prolongación del hastío y la desesperanza.
"No se vio, o por lo menos yo nunca vi, esta falta de investigación". Esa fue una de las frases que pronunció el juez Fabián Fradejas en una alocución que se extendió por más de 80 minutos. Quizás Fradejas nunca lo vio porque tuvo la suerte de no estar del otro lado del mostrador. Pero los tucumanos, y sobre todo los centenares de víctimas de la impunidad en la provincia, saben muy bien lo que es una Justicia que no investiga.
Lo sabe Neri Corbalán, madre de Mariana González, desaparecida hace 12 años. Lo sabe María Luna, que desde hace una década lucha para que la mala praxis que le arrebató a su hijito llegue a juicio. Lo sabe Carolina Monteros, que peregrinó años para conseguir la condena de los violadores Franco Trapani y Álvaro Rodríguez. También lo sabe "Luli", cuyo testimonio, sus lesiones y 20 manchas de sangre no alcanzaron para que su caso fuera elevado a juicio.
LA IMPUNIDAD NO ACTÚA SOLA
El desgaste judicial es el principal aliado inmaterial de la impunidad. Cuando los procesos se dilatan, las causas se archivan, las pruebas se deterioran, los testigos mueren y las familias quedan exhaustas emocional, económica y socialmente, el tiempo deja de ser neutral.Otros aliados son el miedo, el silencio social y la indiferencia política.
Después aparecen los aliados institucionales: aquellos que pueden decir "no nos compete" cuando se trata de controlar a quienes deben investigar. El poder político, judicial, policial y mediático, por acción u omisión, obstaculiza sistemáticamente el esclarecimiento de los hechos.
La incomodidad de algunos operadores mediáticos frente a la organización de mujeres reclamando justicia en una de las provincias con mayores índices de femicidios no hace más que exhibir esas alianzas. Porque la impunidad rara vez actúa sola: necesita silencios compartidos, favores cruzados y un pacto no escrito entre quienes detentan distintas cuotas de poder.
LA EROSIÓN PLANIFICADA: CUANDO EL RELOJ DESTRUYE LA VERDAD
El argumento de la debilidad probatoria después de años de impunidad y encubrimiento no es el punto de partida: es el resultado final de una maquinaria que devora mujeres.
En Tucumán, el paso del tiempo no funciona como un simple factor procesal; opera como otro aliado de la impunidad. Un ejemplo brutal son los pelos hallados en la pollera y en la mano de Paulina, que terminaron pudriéndose por la mala conservación admitida por la bioquímica Lilia Moyano durante el último juicio.Las pruebas no solo no se conservan: se destruyen. Y muchas veces ni siquiera se buscan en los momentos cruciales.
Sin sonrojarse, los funcionarios alegan luego "falta de elementos", aunque la propia estructura a la que pertenecen jamás se ocupó de buscarlos. Un expediente vacío no es necesariamente prueba de inocencia; puede ser el síntoma de una investigación diseñada para que la verdad nunca pueda reconstruirse.
¿SE PASARON PUEBLOS Y NO SE QUEDARON EN TUCUMÁN?
Pertenezco a la generación que vivió el auge de las discusiones por legislaciones modelo; que llenó claustros universitarios de debates de género; que colmó plazas con banderas y consignas. Una generación cuyos hitos hoy incluso son narrados en películas.
Pero nada de eso alcanzó para desterrar de los pesados escritorios judiciales el "manual de la víctima ideal". Ni siquiera para reducir las barreras materiales, simbólicas, institucionales, emocionales, sociales y estructurales que enfrentan las mujeres al momento de denunciar.
Lamento que el caso de Paulina Lebbos no haya tenido una querella feminista. O, al menos, una querella que no dejara en estado de debilidad letal a la parte acusatoria.
Tucumán no solo devora mujeres; devora la posibilidad de creer en la ley. Porque la única prueba presente en cada expediente es la voluntad de no investigar. Mientras el pacto entre los escritorios siga, la justicia solo será un simulacro de décadas, peroratas y expedientes vacíos.
En esta provincia las mujeres no solo pelean contra sus agresores: muchas veces también deben pelear contra el olvido, el descrédito, el desgaste y las estructuras que deberían protegerlas. Y cuando una provincia naturaliza que después de 20 años todavía no haya respuestas sobre quién mató a una joven, el problema deja de ser un expediente judicial: se convierte en una definición política y moral sobre cuánto vale la vida de sus mujeres.
O peor aún: sobre cuán fácilmente pueden ser devoradas por un sistema que espera que el olvido termine lo que empezó la impunidad.