La reforma electoral y la "cantidad" de democracia
¿Determina el sistema electoral la "cantidad" de democracia? Un análisis profundo sobre el contraste entre las reformas nacionales y el sistema de acoples en Tucumán. Del discurso de Osvaldo Jaldo a la realidad de una provincia con más de 450 partidos políticos y miles de candidatos.
La democracia es un concepto con una dualidad interesante. A la vez que concita enorme adhesión, carece de consenso respecto de una definición unívoca. Algunas caracterizaciones son minimalistas. Es decir, plantean requisitos mínimos para que un régimen sea considerado democrático.
Por ejemplo, que haya elecciones libres y competitivas y que estén garantizadas una serie de libertades básicas. Como la de opinar (sin censura previa ni temor a represalias) y la de asociarse (conformar partidos representativos que puedan competir por el poder). Incluso dentro de estos autores hay diferencias, pese a las pocas condiciones que ponen. Para unos, debe estar garantizada la alternancia de fuerzas políticas diferentes en el gobierno. Para otros, en cambio, no necesariamente debe ser así (puede haber sistemas de partido hegemónico), mientras existan comicios competitivos.
Desde la década pasada ha empezado a ganar terreno académico, en cambio, una concepción menos reducida. El proyecto se conoce como "Variedades de Democracia" (V-Dem) y plantea un entendimiento multidimensional de la democracia. Entre sus líneas centrales distingue el principio electoral, el liberal, el mayoritario, el consensual, el participativo, el deliberativo y el igualitario.
Ya sea que se adscriba a una concepción o a otra, hay un elemento común que resulta vertebral: el régimen electoral. Inclusive, en cada una de las dimensiones del "Proyecto V-Dem", el principio electoral es constitutivo de cada uno de los demás: es garante -o saboteador- de las demás dimensiones. De las libertades fundamentales. De que gobiernen los que lograron la mayoría de los votos. De que las minorías sean escuchadas a la hora de consensuar políticas. De que haya mecanismos de participación directa de los ciudadanos. De que haya no sólo muchas instancias para deliberar, pero también para vetar decisiones políticas. De que las personas gocen de las mismas oportunidades y derechos de participación sin importar sus desigualdades materiales e inmateriales (religión, etnia, ingresos, lenguaje, género...).
El escenario en Tucumán: Entre promesas y "acoples"
La trascendencia de los sistemas electorales, entonces, radica en que son determinantes y constitutivos para la calidad de la democracia. Y también para su "cantidad". Mejores regímenes electorales también redundan en más democracia.
Esta cuestión ha vuelto a adquirir actualidad en Tucumán a partir del discurso del gobernador, Osvaldo Jaldo, en la apertura de sesiones ordinarias de la Legislatura, el primer domingo de este mes. Hace dos años, motu proprio, el mandatario provincial anunció su decisión de impulsar una reforma electoral para eliminar los acoples, con la aclaración de que si eso demandaba una reforma constitucional él no le tenía "miedo" a una enmienda. El año pasado manifestó que no era "momento" de un cambio en la Carta Magna y que los cambios podían llevarse a cabo por medio de leyes. Ahora, en la sede del Poder Legislativo, pidió no "demonizar" el sistema y les endilgó la responsabilidad de una reforma, directamente a los legisladores.
Contraste con el Gobierno Nacional
En violento contraste, el Gobierno nacional piensa profundizar las reformas electorales que ya ha materializado. Por estas horas, busca eliminar las Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias (las PASO ya fueron suspendidas en 2025) y habilitar un casillero para votar "lista completa" en la boleta única de papel. Además, La Libertad Avanza quiere plantear más requisitos para competir en las elecciones y habilitar los aportes empresariales para financiar las campañas electorales.
La diferencia ya no sólo es notoria: comenzará a tornarse insostenible. En Tucumán, además, el mayor conflicto no está dado solamente con respecto al instrumento del sufragio, que es la papeleta volante que viene empleándose desde el siglo XIX (y respecto de la cual hay un rosario de prácticas fraudulentas). El régimen de "acoples" ha engendrado una situación que, literalmente, no tiene nombre.
El sistema "innombrable" de los 454 partidos
Hay sistemas electorales de partido único, de bipartidismo, de multipartidismo (unos cinco partidos políticos) y de pluripartidismo (unas 10 fuerzas). Pero no hay cómo designar, cómo nominar, un sistema con 454 partidos políticos. Eso hubo en Tucumán, por caso, en los comicios de 2015, para tomar el informe de la Junta Electoral Provincial que cita la ex legisladora Nadima Pecci en su tesis de maestría en Derecho Electoral: hubo 25.500 candidatos compitiendo por 347 cargos.
¿El resultado? En una provincia con un padrón de 1,2 millón de habitantes, el candidato de un partido que reúne 12.000 votos (el equivalente al 1% de la representación) puede ser consagrado legislador y, por tanto, aprobar leyes. O derogarlas.
Si no hay cómo nombrar el paradigma electoral de centenares de partidos políticos resultantes del "acople", entonces no hay forma de "representarlo". Así, cuanto menos, se cumplirá la consigna oficial de no "calificar" el régimen: difícil es predicar sobre lo impresentable.