¿Quién es el acusado de liderar una secta y cometer abusos sexuales en el Senado bonaerense?
Los hechos habrían ocurrido en el marco de una secta conocida como "La Orden de la Luz".
Nicolás Rodríguez y Daniela Silva Muñoz, pareja y miembros de la planta permanente del Senado bonaerense, están detenidos desde el 29 de diciembre acusados de abuso sexual por tres mujeres militantes. Los hechos habrían ocurrido en el marco de una secta conocida como "La Orden de la Luz".
Una secta con estructura piramidal y roles definidos
Según la denuncia presentada ante la UFI N°2 de La Plata por la fiscal Betina Lacki, Rodríguez era el líder de la secta, identificado como "Dios Kiei", con presuntos poderes sobrenaturales. Silva Muñoz, por su parte, actuaba como "Sensei" o maestra espiritual, persuadiendo a las víctimas para mantener relaciones sexuales con Rodríguez y facilitando los abusos.
Las víctimas relatan prácticas aberrantes que incluían flagelaciones, cicatrices en el cuerpo y mordeduras. Una denunciante detalló que, durante un "entrenamiento" de la secta, debió intentar apagar el fuego con la mente, y al no lograrlo, tenía que hacerlo con la mano.
Vínculos políticos y militancia
Rodríguez y Silva Muñoz comenzaron sus abusos en 2015, mientras militaban en la agrupación K La Capitana, un desprendimiento de Unidos y Organizados. A lo largo de los años continuaron participando en la política bonaerense y fueron candidatos a concejales de La Plata, integrando listas vinculadas a referentes del peronismo como Victoria Tolosa Paz, La Cámpora y figuras cercanas a Cristina Kirchner.
Rodríguez, oriundo de La Plata, inició su carrera política en el radicalismo y luego pasó por ARI y el kirchnerismo. Silva Muñoz, de Trenque Lauquen, también se involucró en la política local y ejercía un rol de liderazgo dentro de la secta.
Procesamiento y acusaciones formales
La fiscalía imputó a ambos por abuso sexual con acceso carnal agravado, en al menos cuatro hechos ocurridos entre 2015 y 2019. Rodríguez es señalado como autor, mientras que Silva Muñoz figura como partícipe necesaria.
Según el expediente, la secta tenía una estructura jerárquica rígida, con Rodríguez en la cima y las víctimas obligadas a cumplir rituales y prácticas sexuales bajo amenazas físicas y psicológicas.