En el peronismo disperso, cada cual atiende su juego
El peronismo enfrenta una crisis estructural y fragmentación que lo aleja de su rol de partido nacional.
Carente de renovación, con déficit de liderazgo competitivo y con exceso de dirigentes incapaces de asumir que están transitando la caducidad electoral, el peronismo enfrenta un período de acentuado mosaico político. Lejos de ser el "movimiento" del que tanto se habla (y jamás se delimita), hoy ni siquiera se comporta como un partido nacional. En todo caso, luce como una suerte de federación de fuerzas políticas distritales. Todas comparten símbolos, pero cada cual atiende su juego. La gran vidriera donde esta situación puede verse con nitidez es el Congreso de la Nación: la dispersión del peronismo se torna palmaria. Es una alegórica ironía que el Salón de los Pasos Perdidos, enclavado en el justo medio del Palacio, se llame justamente "Juan Domingo Perón".
La coyuntura actual es un constante conteo de bancas. En tucumano básico, un "poroteo" de parlamentarios nacionales. Fundamentalmente, de diputados. El viernes, el bloque libertario sumó dos nuevas incorporaciones: los santafesinos Verónica Razzini y Alejandro Bongiovanni.
Con estos dos nuevos miembros, LLA suma ya 93 diputados nacionales. "Y contando". Porque la diputada Silvia Lospennato asumirá el 10 de diciembre como legisladora de la Ciudad de Buenos Aires, cargo para el que fue electa en mayo, por lo que a su mandato hasta 2027 lo completará Lorena Petrovich (cercana a la ahora senadora Patricia Bullrich), quien de antemano anticipó que asumirá directamente en la bancada de la Libertad Avanza.
El presuroso transfuguismo de radicales y macristas a La Libertad Avanza es el opaco signo de estos tiempos, pero no debe hacer de vista que representa la amenaza concreta de destronar al peronismo como primera minoría de la Cámara Baja. A esto contribuyen los propios "compañeros".
El "poroteo"
El bloque Unión por la Patria cuenta hoy con 98 diputados nacionales. Pero ese número tiene pronóstico reservado. Son legión los gobernadores peronistas del "dialoguismo" que vienen manteniendo reuniones (la última, en la Casa de Salta en CABA) con la intención de articular un bloque (o un interbloque de bancadas provinciales), ajeno al liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner. Y, huelga decirlo, predispuesto a acompañar algunas iniciativas de la Casa Rosada.
El catamarqueño Raúl Jalil se reunió durante la semana pasada con el ministro del Interior, Diego Santilli, en la sede del Poder Ejecutivo Nacional, y confirmó una noticia que venía siendo barajada: los cuatro diputados nacionales de su proyecto político se escindirán de la bancada peronista, que quedará con 94 diputados: el mismo número que La Libertad Avanza a partir del 10 de diciembre.
Ante esa noticia, comenzó a circular hacia finales de la semana que dos diputados de San Luis, que responden al exgobernador Alberto Rodríguez Saá, evalúan también escindirse del bloque que preside Germán Martínez. Si ello ocurriese, el PJ en la Cámara Baja pasaría a ser la segunda minoría.
La decisión de Jalil sigue el camino que marcó el gobernador de Tucumán. A poco de asumir, Osvaldo Jaldo separó a tres de los cinco diputados peronistas del distrito (Gladys Medina, Elia Fernández y Agustín Fernández) del bloque peronista y formó la bancada "Independencia". Ese triunvirato se mantendrá, con el cambio de Javier Noguera en el lugar de "Tin" Fernández. Es decir, Tucumán no le sumará bancas a Unión por la Patria en esta oportunidad.
Otro tanto ocurre con Santiago del Estero. El gobernador Gerardo Zamora volvió a ser noticia este fin de semana porque confirmó otra de las especulaciones que se habían ventilado aquí. Concretamente, él, junto con Elia Esther del Carmen Moreno y José Emilio "Pichón" Neder conformarán un bloque de tres senadores nacionales que se llamará Frente Cívico, como la coalición que lidera el todavía mandatario. En ese espacio confluyen buena parte de la UCR y del PJ de la vecina provincia. Igual escenario se dará en la Cámara Baja con seis diputados nacionales.
La crisis agravada
Esta segmentación del peronismo evidencia su crisis. Una que es propia de todo partido político que, estando en el gobierno, perdió las elecciones presidenciales y fue desalojado democráticamente del poder. Este caso tiene agravantes: la gestión de Alberto Fernández fue tan mala que él ni siquiera buscó la reelección. Su compañera de fórmula, Cristina Kirchner, fue condenada por corrupción en la causa "Vialidad". La cuarta experiencia "K" derivó en que el peronismo, estando en el Gobierno, perdiera los comicios contra un candidato que ni siquiera tenía partido político: Javier Milei.
Ese peronismo aún no ha cambiado de liderazgo ni de modelo político. Si no ensaya su renovación, corre el riesgo de entrar en la misma espiral de desmantelamiento en que se sumió la UCR tras la fallida presidencia de Fernando de la Rúa (1999-2001).
Ahora bien, sin subestimar la dimensión de la crisis del peronismo (viene de perder dos elecciones nacionales consecutivas), no menos cierto es que la dinámica que muestran los gobernadores es constitutiva de la naturaleza del "movimiento". Los estudios de política comparada ayudan a exponerlo mejor en la perspectiva histórica. ¿Por qué el "Varguismo" se extinguió en Brasil con la muerte de Getulio Vargas, en 1954, mientras que el peronismo sobrevivió largamente a Perón?
El "esquema otomano"
La dictadura del "Estado Novo" (1937-1945) se da en Brasil en el contexto de ideas nacionalistas, de afianzamiento del Estado para constituir la nación y de centralización política y administrativa. Se reemplazó a los gobernadores electos por interventores y la nueva Constitución suprimió las banderas estaduales. El régimen de Vargas llevaba un mes en el poder cuando ordenó la quema de las 21 banderas estaduales en Río de Janeiro, por entonces la capital del país. El debilitamiento del poder regional se justificó en nombre de construir la identidad nacional.
Perón, cuando llegó al poder (1946-1955) siguió otro camino. Para tomar prestada una imagen del politólogo Juan Carlos Torre, "El Pocho" ensayó un "esquema otomano" de poder en la Argentina. Es decir, acordó tácitamente con los gobernadores que ellos tendrían libertad de acción en sus distritos, siempre y cuando, en los comicios, tributaran electoralmente al Gobierno nacional. Mientras que Hipólito Yrigoyen dispuso 20 intervenciones federales, el peronismo convivió con partidos provinciales conservadores y con "caudillos" peronistas de distintos calibres.
Así que lo de "bregar por los intereses de la Provincia", no importa qué gobernador peronista lo diga, es parte del canon. Esta conducta abre la puerta para entablar "relaciones políticas" entre los mandatarios provinciales con un presidente de la Nación que no es afín, pero que no cuenta con ninguna gobernación "violeta". Huelga decirlo: la calidad de las "relaciones" dependerá de la cantidad de los recursos. Eso sí: los eventuales entendimientos políticos no serán acuerdos electorales. Milei trabajó por forjar a La Libertad Avanza como un partido que dispute votos en cada provincia: jamás habló de un "tercer movimiento histórico", ni ningún eufemismo similar para incluir a la partidocracia tradicional. Los gobernadores son plenamente conscientes de ello.
Lo que sigue ahora es el tiempo de la política: nadie es "el dueño de la pelota", de modo que a la partida la disputarán quienes de verdad sepan cómo se practica este juego. Pero que esto signifique una coyuntura favorable para algunos gobernadores peronistas no equivale a que sea propicio para el peronismo. El PJ, en definitiva, es un partido de poder de estructura verticalista. Y hoy no tiene un proyecto político al que adhiera la mayoría de los electores. Ni tampoco cuenta con un liderazgo claro. Lo cual configura, con todas las letras, una crisis estructural. Una que el Gobierno nacional aprovechará para apurar las muchas reformas que tiene en carpeta.