Milei y su paradoja: por qué prefiere enemigos antes que aliados en las provincias
El Presidente busca sostener un esquema de confrontación permanente que le permite disciplinar provincias y negociar en el Congreso sin comprometer recursos.
Aunque 2026 no sea un año electoral, en la Casa Rosada ya se perfila la estrategia rumbo a 2027. Dentro de La Libertad Avanza conviven dos posturas: disputar todas las gobernaciones posibles o concentrarse solo en los territorios "clave".
La preferencia de Javier Milei por gobernadores opositores responde a su visión del poder: no busca construir un partido que lo trascienda ni estructuras provinciales duraderas. Para él, la política provincial es un gasto innecesario y las provincias deben ser señaladas como responsables del ajuste en salud, educación y seguridad.
Este conflicto constante resulta funcional: le permite al Gobierno negociar votos en el Congreso sin comprometer financiamiento estable. Tener aliados propios en gobernaciones generaría un efecto contraproducente, ya que esos gobernadores libertarios quedarían responsables de administrar recursos limitados, complicando la estrategia nacional.
En provincias como Tucumán, la lógica mileísta apuesta más a antagonistas claros que a aliados, mientras que en Buenos Aires se mantiene la posibilidad de competir con Diego Santilli, presionado por sectores aliados, aunque incluso allí podrían surgir tensiones a mediano plazo.
La estrategia de Milei rumbo a 2027 queda clara: pragmatismo extremo, mínima vocación territorial y la certeza de que siempre es más útil tener a alguien a quien culpar.