¿Amor o trampa? El peligro detrás de la foto de Milei y Donald Trump
¿Es la sintonía entre Javier Milei y Donald Trump una oportunidad real o un "abrazo de oso" histórico? De las relaciones carnales de Menem a la foto en Miami, una crónica sobre el amor no correspondido con Washington.
"Mirando al campo, se olvidó del hombre / Mirando al rico, se vistió de pobre..."
- Peperina, Serú Girán.
Hay una escena que se repite con la regularidad de las crisis cambiarias: un presidente argentino viaja a Estados Unidos, estrecha la mano del mandatario de turno, sonríe para las cámaras y regresa al país anunciando que "el mundo nos mira con otros ojos". Después, la realidad hace lo suyo.
Esta semana fue Javier Milei quien protagonizó la versión más reciente del ritual. Viajó a Miami para participar del "Escudo de las Américas", una cumbre convocada por Donald Trump en su propio resort de golf -el Trump National Doral- junto a once mandatarios latinoamericanos cuidadosamente seleccionados por su afinidad ideológica. Trump lo presentó con afecto paternalista: "Perdía por unos puntos y subió como un cohete". Milei sonrió. La foto quedó.
Una asimetría histórica: De la frialdad al "trabajo sucio"
Para entender qué significa esa foto conviene repasar la historia. La relación entre Buenos Aires y Washington siempre fue asimétrica, aunque rara vez se la presentó como tal. Durante la Segunda Guerra Mundial, Argentina tardó en alinearse con los Aliados y eso le costó años de frialdad diplomática. Perón intentó una "tercera posición" que Washington nunca toleró demasiado bien.
Recién con la Guerra Fría el vínculo se tornó más fluido, aunque bajo condiciones concretas: los Estados Unidos apoyaban o toleraban gobiernos militares a cambio de anticomunismo. La dictadura del 76 es el caso más brutal y documentado. La administración Ford y luego Carter mantuvieron relaciones con un régimen que hacía desaparecer personas. Kissinger, según registros desclasificados, llegó a alentar a los militares a que terminaran "el trabajo sucio" antes de que el Congreso norteamericano se pusiera demasiado insistente con los derechos humanos.
El espejismo de las "Relaciones Carnales"
Con el retorno de la democracia las cosas no mejoraron demasiado en términos estructurales. Raúl Alfonsín tuvo una relación correcta pero distante con Reagan, quien no sentía particular entusiasmo por los gobiernos que cuestionaban la deuda externa.
El momento de mayor acercamiento ideológico llegó con Carlos Menem. El expresidente se convirtió en el alumno más aplicado del Consenso de Washington: privatizaciones, apertura comercial y convertibilidad. Argentina fue declarada "aliado extra-OTAN" en 1998, un gesto simbólico que no implicaba ninguna obligación real de parte norteamericana. Enviamos tropas a la Guerra del Golfo y participamos de misiones de paz.
¿Qué obtuvimos a cambio? En 2001, cuando el sistema económico respaldado por Washington colapsó, el Tesoro norteamericano miró para otro lado. Paul O'Neill fue brutalmente honesto: los argentinos no merecían más ayuda porque el dinero terminaría "en cuentas bancarias en Suiza". El abrazo resultó ser de oso.
El círculo vicioso: De los Kirchner a la deuda de Macri
Néstor y Cristina Kirchner optaron por la distancia y el enfrentamiento retórico. Con la llegada de Mauricio Macri en 2015, la promesa fue "volver al mundo", que significaba esencialmente volver a Washington y a los mercados de crédito. Obama visitó Buenos Aires en 2016 con toda la pompa, bailó tango, y el país tomó deuda a tasas récord. Esa deuda, contraída con el respaldo implícito de esa buena relación, es la que hoy seguimos pagando. El círculo es casi perfecto en su crueldad.
El factor Milei: ¿Ideología o pragmatismo real?
Llegamos a Milei. Hay que reconocerle al presidente libertario una coherencia que sus antecesores no siempre tuvieron: su relación con Trump no es pragmática, es genuinamente ideológica, casi religiosa. Comparten una visión del mundo, un vocabulario y una estética del caos disruptivo.
Pero lo que no está claro es qué consecuencias concretas tiene esto para los argentinos. Milei llegó a Miami en medio de negociaciones con el FMI, con reservas bajo presión y un acuerdo sin cerrar. La cumbre trató sobre narcotráfico, migración y la influencia de China -temas de agenda norteamericana-, pero ninguno resuelve el problema inmediato de un país que necesita dólares. Mientras tanto, el presidente se alojó en el resort del propio Trump: una elegancia circular donde el Estado argentino paga para pernoctar en el negocio de su "mejor amigo" extranjero.
La historia tiene el hábito de repetirse
La pregunta que nadie en el oficialismo parece interesado en responder es la de siempre: ¿Y a nosotros qué nos deja esto? La historia sugiere que la buena relación con Washington tiene valor mientras dura y cero valor de rescate cuando las cosas se complican. Menem lo comprobó. Macri también.
Quizás esta vez sea diferente. Quizás Trump interceda efectivamente ante el FMI o los inversores desembarquen en masa. Es posible. También es posible que dentro de unos años alguien escriba otra crónica explicando cómo Argentina volvió a confundir una buena foto con una política exterior. Por ahora, la imagen existe: Milei y Trump, sonrientes, en Miami. La moneda sigue en el aire. La historia no garantiza nada, pero tiene el irritante hábito de repetirse.