"El lomo con papas de la unidad" de Jaldo y la polémica metáfora de la carpa y la frazada que enfurece al peronismo
El Gobernador reunió a la tropa oficialista para mostrar unidad antes de la visita presidencial. Sin embargo, las metáforas sobre la "frazada corta" del ministro del Interior y el escándalo del "cabezazo" libertario exponen las grietas de un peronismo que reparte fondos con cuentagotas y favoritismos familiares.
El miércoles a mediodía, el tercer piso de la Legislatura fue testigo de un encuentro del peronismo tucumano: empanadas de entrada, lomo con papas de plato principal y un discurso de unidad granítica. El gobernador Osvaldo Jaldo buscó cerrar filas con su bloque un día antes de que Javier Milei pisara suelo tucumano. La orden fue clara: evitar roces, bajar el perfil y mostrar que el PJ local no tiene fisuras.
Sin embargo, detrás del humo de la cocina, las metáforas que dejaron circular algunos legisladores dejaron un sabor amargo. Jaldo habló de una "carpa grande" donde entran todos. Su antecesor, Juan Manzur, usaba el mismo recurso para graficar que había contención política para todos y todas. Sin embargo, una lectura que hacen dentro del peronismo es ácida: para muchos, en esa carpa solo hay lugar para el gobernador, el ministro del Interior Darío Monteros y su esposa, la diputada nacional Gladys Medina. Otros ilustran que dentro de la carpa hay quienes duermen en colchones y otros en el piso.
La frazada de Monteros y el hijo predilecto
La otra figura retórica que dominó la sobremesa fue la de la frazada. "La frazada es grande, pero el ministro del Interior la dobla en cuatro y se la queda él solo", deslizó un legislador descontento. La frase apunta directo a la "chequera" que maneja Darío Monteros para las 19 intendencias y 93 comunas.
Los números parecen darle la razón a los críticos. Como reveló el periodista Emiliano Canseco en la nota -$58 mil millones en sueldos: cuáles son los municipios que más plata reciben del Gobierno provincial-, el municipio que más fondos recibe de la provincia es Banda del Río Salí, casualmente gobernado por Gonzalo Monteros, hijo del ministro. En un Tucumán asfixiado por la caída de la recaudación, el hecho de que la mayor parte del auxilio financiero quede "en familia" ha comenzado a generar un ruido interno que ni el lomo más tierno puede tapar.
El "efecto Cabezazo" y el fantasma del desfalco
No es la primera vez que Jaldo tiene que salir a respaldar a un funcionario. Ya lo había hecho con el ministro de Desarrollo Social, Federico Masso, por la entrega de mercadería que luego se vendía; y a la ministra de Educación, Susana Montaldo, por el pésimo estado general de las escuelas públicas, sobre todo en el interior provincial. El último traspié de la ministra educativa fue el paro docente y la suspensión de clases.
Jaldo prefiere mantener a "los funcionarios que no funcionan" antes que mostrar debilidad de entregar a un alfil. El problema es que después de una partida de ajedrez, todas las piezas van a la misma caja.
El blindaje de Jaldo hacia Monteros ocurre en el peor momento de imagen del ministro. No solo arrastra la sombra del presunto desfalco de 17 mil millones de pesos en 2023 (la Procelac hizo una denuncia en la Cámara Nacional Electoral) y eso le bloqueó una candidatura a diputado nacional el año pasado, sino que ahora debe cargar con la violencia de sus propios hombres.
El violento cabezazo de Marcelo "Pichón" Segura -hombre cercano al ministro del Interior- al diputado libertario Federico Pelli en La Madrid, no fue solo una agresión física; fue un misil a la estrategia de paz social que intenta vender Jaldo. Mientras el Gobernador ratifica a Monteros en el cargo, la oposición libertaria capitaliza el incidente para mostrar al jaldismo como una estructura que responde con golpes cuando se le cuestiona el manejo de los fondos de las inundaciones.
Hay dirigentes del PJ que miran sonrientes los traspié del ministro del Interior.
Unidad por necesidad, no por convicción
La reunión del miércoles fue un intento de evitar que el peronismo se desbande antes de la llegada de Milei a Tucumán. Ya demasiados cruces hubo entre el gobierno provincial y los alfiles libertarios por la ayuda que la Casa Rosada envió a la provincia para atender a los damnificados por las inundaciones.
Pero el malhumor de los intendentes y delegados del interior es creciente. Ven cómo el dinero fluye hacia la Banda del Río Salí mientras ellos deben explicar a sus vecinos por qué no hay máquinas para limpiar canales o fondos para asistencia básica. Los mismos cuestionamientos salen desde legisladores y concejales oficialistas. Jaldo, al mejor estilo Milei, responde: "no hay plata".
Jaldo dice que la carpa es grande, pero si la frazada sigue doblada en cuatro, es probable que muchos dirigentes empiecen a buscar calor bajo el sol de otro dirigente. Sobre todo, como se dijo en esta columna, la imposibilidad de Jaldo de continuar más allá de 2027. La comida del miércoles puede haber sido, para muchos, la última cena antes de la diáspora.