Irán desafía a EEUU: "No nos intimida la presencia militar, pero seguimos abiertos a la diplomacia"
Tras reanudar negociaciones nucleares en Omán, Teherán asegura que responderá a cualquier ataque estadounidense, pero mantiene la disposición al diálogo.
Irán sostiene su derecho al enriquecimiento de uranio
El régimen iraní reafirmó este domingo que no acepta imposiciones externas ni la dominación de potencias como Estados Unidos. El canciller Abbas Araqchi destacó que el programa nuclear del país es un derecho inalienable y una necesidad para la agricultura, la salud y la futura demanda energética, descartando la posibilidad de reducir el enriquecimiento de uranio a cero.
"No buscamos una bomba nuclear, nuestra bomba es el poder de decir no a las grandes potencias", afirmó Araqchi durante el primer Congreso Nacional de Política Exterior, subrayando que Teherán está dispuesto a generar confianza mediante la diplomacia, aunque advertirá ante cualquier acción militar.
"Estamos listos para la guerra, pero priorizamos la diplomacia"
Araqchi aseguró que el aumento de la presencia militar estadounidense en la región no intimida a Irán. "Estamos listos para la guerra, pero no somos belicistas. Si eligen la diplomacia, seguiremos ese camino", enfatizó, luego de las conversaciones indirectas con Washington en Mascate, Omán, centradas exclusivamente en el programa nuclear.
El canciller advirtió además que, en caso de un ataque estadounidense, Irán respondería atacando bases en la región, pero no suelo estadounidense.
Reacciones internacionales y contexto de crisis interna
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó las conversaciones nucleares como "muy buenas" y aseguró que un acuerdo centrado únicamente en el programa nuclear iraní sería aceptable. Por su parte, Israel sigue de cerca las negociaciones y Netanyahu se reunirá con Trump para definir estrategias sobre misiles balísticos y el cese del apoyo de Teherán a grupos armados en la región.
El contexto interno en Irán es crítico: protestas masivas desde diciembre por la caída del rial y el descontento social se suman a la peor sequía en décadas y cortes de electricidad y gas. Según cifras oficiales, las manifestaciones dejaron más de 3.000 muertos, aunque organizaciones independientes elevan la cifra a casi 7.000.