Dorothea Puente: la abuela asesina que enterraba a sus víctimas en su jardín

Bajo la imagen de una mujer amable y solidaria, Dorothea Puente escondió uno de los casos criminales más perturbadores de Estados Unidos. Drogaba, asesinaba y enterraba a ancianos e indigentes en su propia casa para quedarse con su dinero.

Durante años, Dorothea Puente fue vista como una abuela tranquila que ayudaba a los más necesitados en California. Sin embargo, detrás de esa fachada se ocultaba una asesina serial con un método tan macabro que llegó a ser comparada con Yiya Murano.

Su historia conmocionó a Estados Unidos por la frialdad de sus crímenes y por el contraste entre su apariencia inofensiva y el horror que escondía bajo tierra.

Una infancia marcada por la violencia y el abandono

Las investigaciones posteriores revelaron que Dorothea Puente tuvo una infancia atravesada por el maltrato, el alcoholismo y la violencia doméstica. Sus padres murieron cuando ella tenía apenas nueve años, lo que la llevó a pasar gran parte de su adolescencia en orfanatos, donde también sufrió abusos.

Especialistas señalaron que esos traumas tempranos pudieron influir en su posterior conducta criminal, aunque nada justificaría la magnitud de los delitos que cometió.

Estafas, identidades falsas y una pensión como fachada

El primer antecedente penal de Puente data de 1948, cuando fue detenida por falsificación de cheques. Con el paso de los años, acumuló causas por estafas, fraudes y hasta la administración de un burdel.

Se casó varias veces, cambió de identidad para eludir a la policía y finalmente se instaló en una localidad de California, donde abrió una pensión destinada a personas vulnerables: ancianos y personas en situación de calle.

Ese lugar se convirtió en la pieza clave de su plan criminal.

El macabro modus operandi de la "abuela asesina"

Puente ofrecía alojamiento y contención a personas sin recursos, ganándose la confianza de la comunidad. Pero una vez dentro de la pensión, drogaba a sus inquilinos con mezclas de medicamentos, los asesinaba y enterraba sus cuerpos en el jardín de la casa.

El móvil era económico: luego cobraba los cheques de la seguridad social de las víctimas y utilizaba ese dinero para mantener un estilo de vida cómodo.

El descubrimiento de la "casa de la muerte"

En 1988, un vecino alertó a la policía por las constantes desapariciones de personas que ingresaban a la pensión. El allanamiento inicial no mostró irregularidades, pero las excavaciones en el jardín revelaron el horror: varios cadáveres enterrados.

Dorothea Puente fue acusada de nueve homicidios, aunque finalmente fue condenada por tres. Tras el hallazgo, intentó escapar utilizando una identidad falsa, pero fue capturada pocos días después.

Juicio, condena y un caso que conmocionó a Estados Unidos

En un juicio con más de 150 testigos, la mujer fue sentenciada a cadena perpetua. Pasó sus últimos años en prisión y murió en 2011, a los 82 años.

El caso impactó por la doble vida que llevaba y reavivó críticas al sistema de asistencia social estadounidense, señalado por permitir que personas vulnerables quedaran expuestas a abusos extremos.

Dorothea Puente quedó en la historia criminal como la abuela que convirtió su hogar en un cementerio y su sonrisa en la mejor coartada.

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