No hay edad para estudiar: una tucumana empezó 7 carreras y se recibió a los 65 años
Logró obtener su título de Licenciada en Antropología por la Universidad Nacional de Córdoba, pero hubo un gran camino a recorrer.
Alicia Sant Tochón, a sus 65 años, logró obtener su título de Licenciada en Antropología por la Universidad Nacional de Córdoba, un hito que marca la culminación de un camino educativo iniciado hace más de cuatro décadas. Nacida en Tucumán y criada en La Rioja, tuvo una historia caracterizada por la inquietud intelectual y mudanzas propias de una familia de profesión militar.
El interés de Alicia por las aulas
A sus 18 años, tuvo su primera incursión en Ingeniería, una elección condicionada por las expectativas familiares de aquel entonces. En diálogo con La Nación, recordó: "Siempre me gustó la biología, pero no sabía exactamente qué. Yo era una persona que me gustaban muchas cosas. Primero la carrera de Ingeniería fue porque papá quería un ingeniero y pensé que podía darle el gusto. Hice un año y me fue bien, pero era tan desagradable ir a la facultad para mí. Tenía que combinar el bienestar emocional con lo intelectual".
Aquella experiencia inicial fue solo la primera de una serie de intentos en diversas disciplinas. Tras casarse a los 21 años y tener cinco hijos, su vida de estudiante se vio complicada entre la crianza y las mudanzas frecuentes, aunque no paró de forma definitiva ya que pasó por la Zoología, Lenguaje de Programación, Abogacía, Diseño de Interiores y la Licenciatura en Letras. La profesión de su marido, militar, provocaba que como subteniente tenga que mudarse en más de una ocasión siendo "Mendoza el primer destiono para empezar la familia".
A los 52 años comenzó Antropología
El punto de inflexión ocurrió en 2009, cuando la familia se radicó definitivamente en Córdoba y la UNC se convirtió en su hogar académico. Fue en 2013: "Yo tenía muchas dificultades familiares, porque también había asuntos que atender en mi casa, así que mi vida no siempre transcurrió 100% para la facultad. Siempre representó el momento de placer, me encanta aprender, me encanta estudiar. La facultad fue un mundo fascinante, honestamente. Creo que no hay edad para aprender. De hecho, aprendemos permanentemente durante toda nuestra existencia", sostuvo.
La pandemia de Covid-19, lejos de detenerla, marcó la recta final, ya que en 2020 aprobó la última materia de manera virtual. Luego, comenzó el desafío de la tesis, titulada "Hogar dulce hogar. Igualdades - desigualdades en la reconstrucción de las organizaciones domésticas a partir del confinamiento por Covid-19 en la ciudad de Córdoba".
El trabajo le demandó cinco años de investigación y, finalmente, el 18 de febrero de 2026 obtuvo su ansiado título. Sobre este proceso, señaló: "Entré en 2013 y en 2020 rindo mi última materia, en plena pandemia. Y a partir de ahí fue la búsqueda de qué hacer, de cómo encarar mi trabajo final".
El desafío a las estructuras sociales y el "tiempo" de estudiar
Alicia Sant Tochón plantea una crítica profunda a la rigidez de una sociedad que pretende cronometrar los logros personales. Para la flamante antropóloga de 66 años, recibirse en la madurez no debería ser visto como algo "insólito", sino como un acto de coherencia con los propios deseos. Frente al escepticismo ajeno, sostiene que el único motor necesario es la voluntad individual, desestimando las críticas de quienes permanecen en la inacción.
Defensora férrea de la universidad pública en Argentina, Alicia destaca que el título de grado es la herramienta esencial para validar el conocimiento disciplinar. Lejos de considerar el paso por la facultad como una pérdida de tiempo, lo define como un espacio de movilidad intelectual y social invaluable, donde cada año cursado -sin importar el ritmo- suma valor a la trayectoria del estudiante.
Nuevos horizontes: especialización y proyectos de vida
A su edad, el proceso de aprendizaje está lejos de terminar. Con la mirada puesta en la arqueología y la cultura material, Alicia ya proyecta su futuro en la investigación a través de una maestría o doctorado. Su historia concluye con una premisa vital: los proyectos personales son el verdadero motor de la existencia, y la edad jamás debe ser un impedimento para concretarlos.