Lo que tenés que ver en la etiqueta de los yogures para saber si son saludables
No todas las versiones ofrecen los mismos beneficios y los especialistas advierten que la clave está en leer con atención la información del envase antes de elegir.
Hace tiempo que el yogur dejó de ser solo un postre o una colación y pasó a ocupar un lugar central en desayunos y meriendas. Algunas variantes, como el yogur estilo griego, ganaron popularidad por su aporte de proteínas y sus supuestos beneficios para la digestión, la salud ósea y la masa muscular. Sin embargo, los especialistas remarcan que estas propiedades no se aplican a todos los productos por igual y que no cualquier yogur genera un impacto positivo en el intestino.
Frente a una góndola repleta de opciones -naturales, con frutas, enteros, descremados o sin lactosa-, elegir el más adecuado puede resultar confuso.
El rol clave de los probióticos
Uno de los factores determinantes es la presencia de probióticos, microorganismos vivos que ayudan a equilibrar la flora intestinal y favorecen funciones digestivas e inmunológicas.
Los nutricionistas advierten que no todos los yogures contienen bacterias vivas y activas en cantidades suficientes como para generar beneficios reales. Cuando están presentes, estos microorganismos compiten con bacterias dañinas y contribuyen a mantener un entorno saludable en el sistema digestivo, con efectos que incluso se extienden a otros procesos del organismo.
Qué detalles revisar en la etiqueta
Más allá de las promesas publicitarias, la información nutricional es la que define la calidad del producto. Los especialistas recomiendan verificar que el envase indique la presencia de cultivos vivos y activos y, si es posible, que especifique cepas con respaldo científico como Lactobacillus acidophilus o Bifidobacterium lactis. También aconsejan evitar yogures con alto contenido de azúcares añadidos, ya que el exceso de dulce puede contrarrestar los beneficios digestivos.
Además, destacan que el consumo debe ser regular para que el efecto sobre la microbiota sea sostenido y que variedades más concentradas, como el yogur griego, pueden aportar más proteínas y probióticos por porción, siempre que conserven cultivos vivos.