Crisis en la URT: Tucumán pierde la vicepresidencia en la UAR y crecen las críticas a la gestión
La salida de Tucumán de la vicepresidencia nacional dejó al descubierto tensiones dirigenciales, cuestionamientos por el arbitraje y un clima institucional cada vez más frágil. Qué hay detrás del retroceso político y cómo impacta en los clubes.
El rugby tucumano supo ser sinónimo de liderazgo en el interior del país. Formador de jugadores para el alto rendimiento, protagonista en los torneos regionales y con fuerte presencia política en Buenos Aires. Hoy, ese capital parece diluirse.
La conducción encabezada por Javier Budeguer quedó en el centro de las críticas por decisiones unilaterales, desprolijidades administrativas y una pérdida evidente de peso en la mesa chica del rugby argentino.
La pérdida de la vicepresidencia: del protagonismo con el "Pollo" Corbalán al retroceso actual
La confirmación de que Tucumán perdió la vicepresidencia segunda en la Unión Argentina de Rugby no es un dato menor. Ese lugar, que durante los últimos años ocupó Marcelo "Pollo" Corbalán Costilla, garantizaba presencia directa en la mesa ejecutiva donde se definen calendarios, distribución de recursos, políticas de alto rendimiento y decisiones estratégicas para el rugby del interior.
Sin ese asiento, Tucumán deja de participar en el núcleo donde se toman las decisiones del día a día.
Hoy, la vicepresidencia quedó en manos de Jaime Barba, dirigente de Entre Ríos. Mientras tanto, el representante tucumano pasó a ocupar un rol secundario, sin acceso permanente a la mesa chica.
Durante la gestión del Corbalán Costilla, Tucumán no solo tenía voz, sino capacidad de gestión concreta: apoyo a clubes, incidencia en el Regional del NOA, participación activa en el diseño del Torneo del Interior y articulación con el alto rendimiento.
La diferencia es política, pero también económica y estratégica. Se pierden gestiones, información anticipada y margen de negociación.
En el ambiente dirigencial se señala que la conducción actual de la URT no logró sostener alianzas ni construir consensos, y que la decisión de imponer nombres sin acuerdo terminó dejando a Tucumán fuera del centro de poder.
La Unión de Rugby de Tucumán atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente: perdió la vicepresidencia en la Unión Argentina de Rugby, enfrenta cuestionamientos por manejos poco transparentes y acumula conflictos en el arbitraje y la disciplina.
Manejos en el arbitraje: la renuncia de Matías Pascual y un sistema en crisis
La pérdida de peso nacional se combina con un frente interno aún más delicado: el arbitraje.
A horas de la final del Regional del NOA 2025 entre Natación y Gimnasia y Tucumán Rugby, el entonces presidente de la Comisión de Árbitros, Matías Pascual, presentó su renuncia indeclinable y denunció injerencia dirigencial en la designación de los referees.
"No puedo garantizar la imparcialidad del árbitro en estas condiciones", escribió Pascual, dejando expuesta la falta de autonomía de la Comisión.
El conflicto se originó cuando la designación propuesta por el área técnica fue modificada por el Consejo Directivo. La salida de Pascual marcó un quiebre institucional inédito en la previa de una final.
Pero el problema es más profundo.
Los árbitros tucumanos se preparan para la temporada 2026
Hoy, a semanas del inicio del campeonato Anual, la URT debe cubrir cerca de 80 partidos por fin de semana y no hay claridad sobre una estructura arbitral consolidada. Se prometió superar los 100 árbitros activos, pero en la práctica los nombres que aparecen en entrenamientos y designaciones oficiales no reflejan esa cifra.
No hay boletines actualizados con una comisión formalmente estructurada, y varios referees deben repetir varios partidos ante la falta de recambio.
La situación es aún más preocupante si se considera que algunos árbitros superan ampliamente los 45 o 50 años y que no existe una política clara de cuidado físico similar a la que rige para los jugadores.
Violencia y desmanejos disciplinarios: el caso Tucumán Rugby
El deterioro institucional también se refleja en el manejo disciplinario.
Durante la última temporada se registraron reiterados hechos de violencia en tribunas y dentro del campo de juego. El caso más resonante fue la sanción a Tucumán Rugby por cánticos contra la Unión y contra Natación y Gimnasia y sus históricos dirigentes. La pena inicial fue modificada, reducida y reconfigurada en medio de cuestionamientos por criterios cambiantes.
Informes cajoneados, sanciones que se ajustan sobre la marcha y resoluciones poco claras profundizan la sensación de desorden.
En este contexto se incorporó a la comisión de disciplina el abogado Martias Ortiz de Rosa, ex-árbitro, en un intento de profesionalizar el área. Su llegada fue valorada por varios presidentes de clubes, aunque también expone otra realidad: Tucumán pierde un referee activo -de altísima consideración- en medio de una crisis arbitral.
Asamblea postergada y señales de improvisación
La reciente asamblea extraordinaria, que había sido postergada desde diciembre 2025, terminó de consolidar la percepción de improvisación. Se eligieron consejeros suplentes en medio de cuestionamientos por perfiles ajenos a la tradición del rugby local y sin que se presentaran balances en tiempo y forma.
Reuniones demoradas, cargos definidos sobre la marcha y falta de planificación marcan una conducción que parece correr siempre desde atrás.
Mientras tanto, la franquicia profesional y el alto rendimiento muestran estructuras más ordenadas, lo que profundiza el contraste con la gestión doméstica de la URT.
Valores en retroceso y un desafío urgente
El rugby se construyó históricamente sobre valores como el respeto, la transparencia y el compromiso colectivo. En Tucumán, muchos dirigentes y referentes advierten que esas bases están siendo erosionadas por internas, mezquindades y decisiones personalistas.
El rugby tucumano sigue siendo fuerte en la cancha, pero hoy aparece debilitado en los escritorios.
Recuperar credibilidad, transparencia y liderazgo no será una tarea sencilla. La pérdida de la vicepresidencia en la UAR es apenas la señal más visible de un proceso más amplio.
El desafío para la conducción actual es claro: ordenar la casa puertas adentro antes de que el retroceso sea aún mayor en la consideración nacional.