Por qué La Madrid se inunda aunque no llueva en Tucumán

El sistema de cuencas compartidas y la ubicación geográfica de La Madrid la convierten en una zona crítica. El Dique Escaba solo regula el 16% del caudal que llega al pueblo.

La vulnerabilidad de La Madrid tiene una explicación hídrica transprovincial. Las intensas precipitaciones en el este de Catamarca alimentan una red de ríos de montaña (San Francisco, El Abra y Huacra) que descienden hacia Tucumán. 

Según informes técnicos, estos escurrimientos confluyen en la cuenca del río Marapa. El problema se agravó en la última década debido al desmonte y las canalizaciones agrícolas, que eliminaron las zonas naturales de absorción, permitiendo que el agua baje con mayor velocidad y volumen hacia la llanura tucumana.

Dique Escaba: un gigante con límites claros

A menudo se cree que el Dique Escaba puede contener cualquier tormenta, pero la realidad técnica es distinta. El embalse solo regula el 16% del área que aporta caudales hacia La Madrid. Aunque funciona como un amortiguador, su capacidad se ve superada cuando recibe aportes masivos de ríos catamarqueños y descargas de otros diques menores como La Cañada y Sumampa. Actualmente, con ingresos de caudal superiores a los 400 m³/s, el sistema de aliviaderos se ve obligado a erogar agua para preservar la estructura, impactando directamente en las poblaciones aguas abajo.

El Río Marapa: de la montaña a la llanura

El río Marapa es el principal protagonista de las inundaciones en el sur. Nace en Catamarca como río Singuil y, tras entrar en territorio tucumano y pasar por Escaba, se transforma en un curso de llanura lento y sinuoso. Su cuenca abarca 900 km² y, en su tramo final, recibe el aporte del río San Francisco, el mayor generador de crecidas súbitas. 

Al llegar a las zonas bajas de Alberdi y Graneros, el río pierde velocidad por la falta de pendiente, lo que provoca que el agua se desborde hacia los campos y zonas urbanas.

La Madrid: una depresión natural sin salida

Geográficamente, La Madrid está en el peor lugar posible para una inundación: una depresión natural donde convergen todos los escurrimientos de la cuenca. A esto se suma una pendiente casi inexistente (apenas 0,0006 metros por metro), lo que hace que el drenaje sea extremadamente lento. Una vez que el agua llega al pueblo, no tiene hacia dónde fluir de manera natural, permaneciendo estancada durante días o incluso semanas, afectando la infraestructura y la salud de los habitantes.

El efecto "barrera" de la Ruta 157

Un factor humano agrava la situación natural: la Ruta Nacional 157. La calzada se encuentra elevada unos 1,6 metros sobre el nivel del pueblo. Durante las grandes crecidas, esta elevación actúa como un "dique" o barrera que impide que el agua siga su curso hacia el este, favoreciendo el anegamiento total de la localidad. Esta es la razón por la cual las autoridades a menudo deben recurrir a medidas extremas, como romper la ruta, para permitir que la masa líquida finalmente drene y alivie la presión sobre las viviendas.

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