Más allá del "folklore": las muñecas de Rosario Central y la bandera del abuso en el fútbol
El repudiable episodio en el Gigante de Arroyito, donde se arrojaron muñecas inflables simulando abusos, destapa una realidad sistemática: la cosificación de la mujer y una justicia que, entre sobreseimientos y falta de perspectiva de género, termina amparando a los violentos.
Lo ocurrido en un reciente partido entre Rosario Central y Banfield no puede reducirse a una "avivada" de tribuna. El lanzamiento de muñecas inflables vestidas con la camiseta de Newell's, acompañadas de gestos de abuso sexual, es la puesta en escena de una violencia simbólica que tiene raíces profundas en el fútbol argentino.
Según cuenta Carolina Fernández en Página 12, estas muñecas no son solo plástico; representan a las mujeres de carne y hueso que son abusadas y descartadas en un ambiente donde impera la connivencia. "Las muñecas vienen a decirnos que hoy violar es poder", sentencia la crónica, vinculando el hecho directamente con la larga lista de jugadores denunciados que siguen vistiendo camisetas profesionales.
El espejo de la impunidad
La nota establece un paralelismo crudo con el caso de "M", quien en 2024 denunció a los jugadores Brian Ezequiel Cufré y Fabricio Alberto Alvarenga por abuso sexual con acceso carnal. A pesar de la gravedad de las denuncias -que en el caso de Cufré incluyen antecedentes grupales-, el sistema judicial parece diseñado para la revictimización.
La víctima relata el impacto devastador en su vida: pérdida de trabajo, salud mental dañada y una paranoia constante, mientras los acusados continúan con sus carreras. "Me mataron en vida. Me sacaron todo y siguen como si nada", concluye M, comparándose con esas muñecas inanimadas que los hinchas manipulan a su antojo.
Una justicia "entrenada" para sobreseer
El cuestionamiento apunta directamente a la Dra. María Alejandra Provítola, a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 6. Según la crónica, a pesar de contar con pericias que certifican un 35% de incapacidad en la víctima y de no descreer de su relato, la jueza dictó un sobreseimiento calificado como "ininteeligible" y carente de perspectiva de género.
Mientras la dirigencia y los jugadores mantienen un silencio ensordecedor y las sanciones deportivas se limitan a "ingreso de objetos no autorizados", el mensaje que se envía desde la tribuna y los despachos es el mismo: las mujeres son objetos. El fútbol argentino, dentro y fuera de la cancha, parece seguir enarbolando una bandera de abuso que la sociedad ya no está dispuesta a ignorar.
Fuente: Página 12