Iglesia San Francisco: invertirán $200 millones para reabrirla el 9 de Julio

La Municipalidad de San Miguel de Tucumán financia la refacción integral del interior del templo. Plazos de obra, seguridad y el plan para el 9 de Julio.

La histórica Iglesia San Francisco, ubicada en la emblemática esquina de 25 de Mayo y San Martín, ha comenzado una cuenta regresiva que genera entusiasmo en la comunidad tucumana. Tras un exhaustivo informe técnico del estudio Arévalo-Pagani, que descartó daños estructurales graves pero señaló la necesidad urgente de tratar grietas y fisuras, se puso en marcha un plan de obras de tres meses.

La meta es ambiciosa pero firme: que el templo vuelva a recibir fieles y turistas el próximo 9 de Julio, coincidiendo con los festejos de la Independencia.

inversión municipal y seguridad en la nave principal

La obra cuenta con un presupuesto de $200 millones, financiados íntegramente por la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. Actualmente, quienes transitan por la zona pueden observar mallas de seguridad colocadas en la nave principal, una medida preventiva necesaria para evitar accidentes por posibles desprendimientos mientras se trabaja en las alturas del edificio. Según explicó la arquitecta Olga Paterlini, integrante de la comisión del proyecto, la reapertura será probablemente progresiva y con horarios limitados, priorizando siempre la seguridad de los visitantes mientras se completan los detalles finales.

El plan integral: Cúpula, campanario y el futuro del claustro

Más allá del interior, el proyecto contempla una intervención profunda en toda la manzana franciscana. Los trabajos incluyen la refacción de la cara oeste del campanario y la cubierta exterior, con especial atención en la cúpula, sectores que no habían sido abordados en etapas previas. También se prevé una reparación urgente en la Capilla del Santísimo, afectada por daños externos. En paralelo, crece la expectativa por el destino del claustro; aunque la decisión final es de la orden franciscana, se analiza la posibilidad de transformarlo en un centro cultural o de convenciones, lo que le daría una nueva vida social a este invaluable tesoro arquitectónico.

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