Milei gana poder en el Congreso pero Karina abre otro frente: tensiones con Villarruel y Bullrich
Con la reforma laboral casi asegurada, la interna en la cúpula libertaria vuelve a estallar: sospechas sobre la vicepresidenta, celos por el protagonismo de Bullrich y ruido por el caso Fate.
Mientras el Gobierno se encamina a conseguir antes del 1° de marzo la ley de reforma laboral que buscó desde el inicio del mandato, puertas adentro no hay paz. Javier Milei suma votos y controla el Congreso como nunca antes, pero la interna en la cima del poder libertario se recalienta, con Karina Milei como eje de casi todas las tensiones.
Villarruel, 2027 y la furia silenciosa de Karina
Victoria Villarruel no dijo públicamente una sola palabra sobre una eventual candidatura para 2027. Pero en sectores de la política ya se la menciona como posible presidenciable y hay armadores que trabajan en las sombras para potenciar su nombre. Esa sola hipótesis alcanza para encender las alarmas en la Secretaría General de la Presidencia.
Karina Milei tiene a la vicepresidenta "anotada" en la lista de enemigos antes incluso que el propio presidente. Sabe que hay quienes empujan a Villarruel como figura alternativa y eso la enfurece. La vice, a su vez, evita cualquier gesto que pueda interpretarse como desafío: no quiere ser un nuevo "Chacho" Álvarez, ni hacer estallar al Gobierno ni jubilarse de la política.
En los hechos, se mueve en los pocos espacios que le dejan: recorre provincias, habla con gobernadores y legisladores, cultiva vínculos con la Iglesia y las fuerzas de seguridad. Sus asesores aseguran que están preocupados por la falta de creación de empleo, la ausencia de una política productiva y el poder casi absoluto de Karina en las decisiones del Gobierno. En la política libertaria, la guerra de silencios puede ser más corrosiva que los estallidos públicos.
El caso Bullrich y el video que no cayó bien
A la desconfianza con Villarruel se suma ahora el ruido con Patricia Bullrich . Otra vez, la incomodidad no nace en Milei, sino en su hermana.
Tras la media sanción de la reforma laboral, Bullrich publicó en redes un video prolijo, editado, que la mostró como protagonista central de la batalla parlamentaria en el Senado. La puesta, casi de tráiler, grababa a una escena de El diablo viste a la moda , con la ministra entrando en escena a paso firme. En el entorno de Karina no hizo gracia. En la lógica del mileísmo duro, los méritos deben ser siempre del líder; debajo no debe asomarse a nadie.
La ministra de Seguridad, además, quedó enredada en la polémica por el artículo 44 de la reforma laboral, el que recortaba el salario durante licencias por enfermedad o accidentes no laborales. Desde adentro del oficialismo hubo dedos apuntando a Bullrich por haberlo empujado a último momento, en una jugada que terminó obligando al Gobierno a borrar el artículo para no trabajar la ley. "Es difícil trabajar con Patricia, eh", se sinceró un funcionario ultra mileísta.
Bullrich sigue siendo clave: cambió el paisaje de la protesta callejera, capitalizó una suba de imagen y ganó la Ciudad en octubre. Pero lo que la fortalece a ella puede no ser funcional a quienes, como Karina, no toleran figuras propias con vuelo político.
Sturzenegger, Destino y el costo del ajuste
El episodio del artículo 44 también salpicó a Federico Sturzenegger , cerebro técnico de la reforma. Su frase sobre que las empresas no deberían pagarle a un empleado que se lesiona jugando al fútbol con su hijo fue un búmeran en un país atravesado por el fútbol. La discusión se escapó de los papers y se volvió charla de café: ¿quién dio la orden de agregar ese artículo que no estaba en el borrador inicial?
Mientras en la cúpula se reparten responsabilidades, otro frente se abre con el cierre de Fate y el despido de 920 trabajadores. Para la narrativa libertaria, que defiende la libertad del empresario para cerrar y pagar indemnizaciones, el caso se vuelve incómodo en un contexto de inflación alta, caída del salario real y miedo a perder el trabajo.
Algunos en el Gabinete relativizan el impacto y hablan de "reordenamiento de la economía": no es la primera ni será la última empresa que cierre, dicen. Otros miran con preocupación las imágenes de neumáticos quemados en Panamericana y obreros en el techo de la planta: son la contracara de la promesa oficial de que "lo mejor está por venir".
Poder parlamentario, fragilidad política
Con la reforma laboral a un paso de ser ley, el mileísmo puede jactarse de algo que otros gobiernos más fuertes no lograron: sacar una reforma estructural con minoría propia y mayoría tejida con la misma "casta" a la que insultó durante años. Pero esa demostración de fuerza en el Congreso convive con una evidencia: el poder real del Presidente no se discute afuera, sino adentro.
Mientras Milei acumula triunfos legislativos y modera los insultos a diputados, ex presidentes y aliados de ocasión, Karina mira hacia los costados y ve amenazas en cada dirigente que suma exposición: Villarruel, Bullrich, Caputo, incluso su propio esquema de ministros.
En ese clima, el Gobierno avanza, pero no descansa. Y el relato del modelo libertario, golpeado por la inflación, los cierres de empresas y las peleas internas, empieza a mostrar sus fisuras.