"Mi mamá es cerro y memoria": el incansable reclamo de María Coronel a 50 años del golpe

Referente de HIJOS y excoordinadora del primer centro clandestino del país, María continúa buscando los restos de su madre. En un contexto de recortes, su testimonio reafirma la vigencia de la identidad tucumana.

Una herencia de militancia y dolor

En este 2026, María Coronel cumple 50 años, la misma edad que el golpe de Estado que le arrebató a sus padres. Hija de José Carlos Coronel y María Cristina Bustos Ledesma, su historia se tejió entre Tucumán y el exilio interno en Jujuy. Su padre fue asesinado en 1976 en el "Combate de la calle Corro", junto a la hija de Rodolfo Walsh, mientras que su madre fue secuestrada en marzo de 1977 y vista por última vez en la ESMA. Desde entonces, María y su hermana Lucía han convertido el vacío en una acción política permanente.

El desmantelamiento de los Sitios de Memoria

Hasta hace apenas unos meses, María Coronel coordinaba el Espacio para la Memoria "La Escuelita de Famaillá". Sin embargo, el inicio de 2026 estuvo marcado por el desfinanciamiento estatal y el recorte de personal en las áreas de Derechos Humanos de la Nación. Hoy, el sitio sobrevive gracias al esfuerzo de la Provincia y el municipio local. "Se desmanteló la Dirección Nacional de Memoria, poniendo en riesgo la conservación de lugares que son pruebas judiciales", advierte María, quien sigue acompañando el espacio de forma externa.

El nacimiento de HIJOS y el desafío a Bussi

María fue protagonista de un hito en la historia tucumana: la fundación de HIJOS en 1995. Eran jóvenes de entre 17 y 21 años que irrumpieron en una provincia donde el genocida Antonio Domingo Bussi ganaba elecciones por el voto popular. "Teníamos la necesidad de compartir nuestras historias en un contexto hostil y de mucho silencio", recuerda. Los escraches y las marchas de aquel entonces fueron la semilla de una nueva forma de militancia que hoy, 30 años después, busca ser relevada por nuevas generaciones.

La foto que camina las calles

Cada viaje de María a Buenos Aires es un reencuentro con su madre. Lleva su foto a los barrios, a las plazas, desafiando el destino de olvido que los militares planearon para Cristina Ledesma. Para ella, la memoria no es una pieza de museo, sino un motor cotidiano. "HIJOS fue el hogar que me cobijó, el humor negro sanador y el abrazo necesario", reflexiona con una sonrisa que resiste al tiempo, alentando a los jóvenes de 2026 a recuperar esa rebeldía necesaria para abrir sus propios caminos.

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