Opinión

Matufias y traiciones: Cuando el peronismo vota contra su propia historia

Hoy la matufia está en boga y siempre crecerá más y mientras el pobre trabaja y no hace más que pagar. Señores, abrir el ojo y no acostarse a dormir, hay que estudiar con provecho el gran arte de vivir./Ángel Villoldo.

Hay algo profundamente tanguero en gran parte del peronismo argentino actual. Una fuerza política que nació defendiendo al trabajador hoy mira cómo retroceden derechos laborales y, en algunos casos, acompaña ese retroceso.  El jueves, la Cámara de Diputados aprobó la reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei. Una reforma que precariza, que reduce indemnizaciones, que facilita despidos y debilita la estabilidad laboral bajo el argumento de la modernización. El oficialismo y los benditos aliados celebran "competitividad" mientras eliminan protecciones históricas.

Lo grave no es sólo que avance una agenda liberal radical. La melodía que se baila es la que impone el director de orquesta. Lo verdaderamente inquietante es que sectores del peronismo hayan acompañado esa iniciativa o hayan mostrado una amarga tibieza funcional.

En Tucumán, la escena fue aún más incómoda. Diputados que responden al gobernador Jaldo votaron a favor de una reforma que golpea directamente al trabajador formal. No se trata de matices técnicos, ni de una vuelta argumental: se trata de identidad política.

Javier Noguera, Elia Fernández de Mansilla y Gladys Medina quedaron alineados en esa decisión. Poniendole el cuerpo al quorum, votando en silencio a favor y escapando de la votación para disimular vaya uno a saber que vergüenza.

Podrán ensayar explicaciones tácticas, podrán invocar gobernabilidad o acuerdos circunstanciales. Pero cuando se debilita la protección laboral, el peronismo no puede fingir neutralidad. Ese voto no es administrativo. Es ideológico.

El peronismo tucumano es hegemónico hace décadas. Construyó poder territorial, estructura y mayoría. Sin embargo, a muchos el poder sin convicción pareciera haberlos transformado en un simple engranaje mas de un gerenciamiento del presente. Y el gerenciamiento no enamora ni convoca. Apenas administra.  En contraste, Carlos Cisneros y Pablo Yedlin sostuvieron una postura coherente con la tradición histórica del movimiento,oponiéndose a una reforma que consideran regresiva. Puede discutirse la eficacia de la resistencia. Lo que no se puede discutir es la coherencia doctrinaria.

Y ahí aparece la metáfora inevitable del tango. Ese hombre que canta por el amor perdido no fue víctima del destino; fue responsable de descuidarlo. El peronismo hoy parece ese cantor que recuerda sus años dorados mientras vota normas que contradicen su propia historia.

La reforma laboral no es un detalle técnico. Es un símbolo. Y cuando el símbolo fundacional del peronismo -la defensa irrestricta del trabajador- se diluye, lo que se erosiona es toda una identidad histórica, apabullando así al sistema democrático

Parte de la sociedad observa con escepticismo. Si el partido que construyó el andamiaje de derechos laborales ahora admite su desmontaje parcial, la pregunta es inevitable: ¿qué diferencia real existe entonces con la agenda que históricamente combatía?

El avance de Milei no se explica sólo por su retórica disruptiva. También se explica por la pérdida de coherencia de quienes deberían ofrecer una alternativa clara.

Acertado es pensar entonces que el electorado podrá concluir que ya no hay certezas a las que aferrarse mas que: YO NO VOTO A TRAIDORES. El peronismo argentino enfrenta hoy una disyuntiva brutal: seguir cantando tangos sobre la justicia social o volver a practicarla con claridad normativa y coherencia legislativa. No alcanza con la nostalgia. No alcanza con citar el 17 de Octubre. La identidad se demuestra en el momento de votar.

Tucumán ofrece una advertencia concreta. El poder no es eterno, y la memoria social no es ingenua. Cuando se vota contra la base histórica que sostuvo al movimiento, la factura política llega más temprano que tarde. El peronismo no necesita más metáforas sentimentales. Necesita definiciones que alejen a los dirigentes y funcionarios que hoy ponen los dedos en V de un resultado que pareciera ser inevitable, ya que la historia es cruel con quienes se vuelven caricatura de sí mismos.En política, como en el tango, el problema no es que el amor se pierda. El problema es haber contribuido a perderlo.

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