La red del exterminio: así funcionaron los 814 centros clandestinos de detención

A 50 años del golpe, la reconstrucción del circuito represivo revela que la tortura no fue marginal, sino que estuvo incrustada en el corazón de las ciudades argentinas.

Una estructura federal y planificada

Los centros clandestinos de detención (CCD) fueron el núcleo operativo del terrorismo de Estado. Según los registros oficiales actualizados, funcionaron 814 lugares de reclusión ilegal entre 1974 y 1983. Lejos de ser celdas ocultas en el monte, la mayoría se encontraba en zonas urbanas densamente pobladas. La provincia de Buenos Aires concentró casi el 30% de estos espacios, demostrando que el plan criminal requería de una logística integrada a la infraestructura civil.

De la ESMA a La Perla: los emblemas del horror

Cada región del país tuvo su centro neurálgico. En la Capital Federal, la ESMA se convirtió en el mayor centro de exterminio, con cerca de 5.000 víctimas. En el interior, La Perla en Córdoba y La Escuelita de Famaillá en Tucumán marcaron el destino de miles de trabajadores y estudiantes. Muchos de estos sitios fueron recuperados hoy como Espacios de Memoria, transformando los antiguos salones de tortura en lugares de educación y preservación de la prueba judicial.

Campo de Mayo y la maquinaria de apropiación

El caso de Campo de Mayo destaca por su complejidad, al albergar no solo centros de detención sino también maternidades clandestinas. Allí se perfeccionó el robo de bebés, un delito que no prescribe y que sigue siendo investigado por la justicia federal. La señalización de estos sitios es fundamental para que el Nunca Más no sea solo un eslogan, sino una marca territorial que impida el olvido de los crímenes cometidos por el Estado.

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