Le robó la identidad a su mejor amiga, pidió un préstamo millonario y la mató

La escena simulaba un encuentro sexual que salió mal, pero detrás había un plan frío y calculado. La Justicia descubrió una estafa millonaria, suplantación de identidad y un homicidio perfectamente armado.

El hallazgo del cuerpo de Ana María Páez Capitán, una diseñadora de moda de 36 años, desconcertó durante días a la Policía de Barcelona. La mujer fue encontrada muerta en febrero de 2008 en un departamento alquilado del barrio de Gracia, desnuda, con una bolsa de plástico en la cabeza y cinta adhesiva alrededor del cuello. No había signos de pelea ni de ingreso forzado.

Con el correr de la investigación, quedó claro que no se trataba de un crimen impulsivo. Detrás del asesinato estaba María Ángeles Molina, una de sus mejores amigas, quien había montado una compleja maniobra económica y criminal para quedarse con casi un millón de euros.

Una escena prolija que despertó sospechas

El 19 de febrero de 2008, una empleada de limpieza ingresó al departamento alquilado por pocos días y encontró el cuerpo de la mujer recostado sobre un sillón. En el piso había una peluca negra y unas botas de caña alta. Todo estaba ordenado, sin señales de violencia.

La víctima llevaba varios días muerta y no tenía documentos, billetera ni celular. Horas más tarde, la Policía confirmó que se trataba de Ana María Páez, quien era buscada por su familia desde hacía días. Antes de desaparecer, había dicho que iba a cenar con una amiga: María Ángeles Molina.

Molina declaró que el encuentro nunca ocurrió y aseguró que estaba en Zaragoza retirando las cenizas de su madre. Incluso asistió al funeral y acompañó a la familia, sin levantar sospechas en un primer momento.

El giro clave: bancos, pelucas y una identidad robada

Las dudas comenzaron cuando los investigadores detectaron movimientos bancarios posteriores a la desaparición de Ana. El departamento había sido pagado con una tarjeta a nombre de la víctima y alguien retiró dinero de su cuenta el mismo día en que se la vio por última vez.

Las cámaras de seguridad de un banco fueron determinantes: una mujer con pelo negro realizaba la extracción. Cuando el video fue mostrado a la pareja de Ana, la respuesta fue inmediata: no era ella, era su amiga usando una peluca.

Un allanamiento en la casa de Molina terminó de cerrar el círculo. Allí encontraron documentos de Ana, tarjetas bancarias, papeles financieros y varias pelucas. La Justicia concluyó que había suplantado la identidad de su amiga durante meses para pedir créditos, contratar seguros de vida y realizar maniobras por casi un millón de euros.

Un crimen planificado para simular un abuso sexual

Según la reconstrucción judicial, María Ángeles citó a Ana en el departamento con una excusa. La habría sedado con una sustancia que no pudo ser identificada y luego la asfixió con una bolsa de plástico.

Para desviar la investigación, montó una escena que simulaba una práctica sexual. Incluso había contratado previamente a trabajadores sexuales para obtener muestras de semen, que conservó y luego utilizó para contaminar el cuerpo de la víctima. La intención era que se creyera que la mujer murió durante un encuentro sexual que se salió de control.

La autopsia confirmó la asfixia como causa de muerte y descartó cualquier signo de abuso o defensa. Todo indicaba que Ana fue atacada cuando confiaba plenamente en su agresora.

Juicio, condena y una pena reducida

María Ángeles Molina fue detenida en marzo de 2008 y negó siempre su responsabilidad. El juicio comenzó en 2012 en la Audiencia de Barcelona, donde la fiscalía presentó pruebas bancarias, documentos falsificados, registros de cámaras y testimonios que demostraron la planificación del crimen.

Fue condenada a 22 años de prisión, pero el Tribunal Supremo redujo la pena a 18 años, al recalificar el delito. Actualmente cumple su condena en la cárcel de Mas d'Enric, en Tarragona, y su salida está prevista para 2027.

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