A los "náufragos" de La Madrid no los visita el "Estado presente"

A más de dos meses de la última inundación, los habitantes de La Madrid continúan esperando las obras prometidas por un Gobierno provincial ausente. Frente a la inacción oficial y la excusa de un "pecado original", los vecinos exigen soluciones definitivas para no volver a perderlo todo.

Desde novelas clásicas como "Robinson Crusoe" hasta "reality shows" contemporáneos sobre supervivencia en la naturaleza, un argumento recurrente es el "dilema del náufrago". ¿Qué pocas cosas, contadas, pequeñas, escogería alguien para llevarse consigo a una isla desierta?

Para los 5.000 tucumanos que viven en La Madrid, esa pregunta está desprovista de toda ficción. En las últimas cuatro décadas se enfrentaron no una vez, sino cuatro veces a ese dilema. Son, una y otra vez, náufragos en tierra firme. Y aunque se saben dignos de una vida ajena a prácticas anfibias, hay quienes tienen la certeza, la resignada certeza de que una quinta inundación es severamente más probable que una solución estructural. No es para menos, a juzgar por lo que las autoridades provinciales hacen. Pero sobre todo por lo que no hacen. Y especialmente por lo que han dicho.

Enterate Noticias volvió a esa comuna a la que los ministros del Ejecutivo provincial ya no regresaron, pese a los públicos compromisos manifestados. Cuando las aguas lo cubrieron todo el 11 de marzo, y había miles de comprovincianos en las banquinas, cargando lo que quedaba de sus vidas en bolsitas de nylon, los ministros desfilaban por la ruta 157 con pose compungida. Siempre les sienta bien salir en cámara con cara de que se sienten mal frente a los evacuados. Aunque no sean inocentes de la tragedia de esos comprovincianos: cuando ocurrió la primera inundación, en 1992, había varios integrantes actuales de los poderes del Estado que ya ocupaban cargos públicos.

Lo que el agua se llevó

El agua, por ahora, se ha ido. Y los habitantes de La Madrid han regresado. Pero, al igual que en cada otra oportunidad, vuelven más pobres que antes del anegamiento. Por fuera, las calles se esfuerzan por tratar de que el olvido del horror transite velozmente. Las marcas de humedad en las paredes todavía da testimonio, aunque la plaza y las calles aledañas han sido emprolijadas.

Las huellas del espanto, en cambio, permanecen intactas puertas adentro. Muchas casas sólo tienen los muebles indispensables. Y por llamarles "muebles". Las mesas son improvisados tablones sobre caballetes o cajones. Las sillas son de plástico. Y hay cadáveres de electrodomésticos en los rincones.

En algunas viviendas, como la de Mirna Salazar, han perdido inclusive el revestimiento del piso. Ni los cerámicos dejó el agua. El contrapiso de cemento aún se encuentra húmedo. Ella, que gracias a las redes sociales, su viejo teléfono celular y la dignidad intacta se ha convertido en una voz elocuente del padecimiento de sus conciudadanos, abre las puertas de su casa. Y de su angustia.

La han contactado dirigentes de los más diversos partidos, con todo tipo de ofrecimientos. Los ha rechazado. "Lo único que quiero es que hagan las obras para que La Madrid no vuelva a inundarse. Así mi hijo no volverá a arriesgar su vida arriba de un bote para salvar vecinos, como lo hizo ahora, que tiene 26 años, y como lo hizo en la inundación anterior (en 2017), cuando tenía 17", sintetiza.

Con un pañuelo en la cabeza (su atuendo distintivo), ella subraya que los vecinos le entregaron al Gobierno un proyecto "realista" que insume 300 millones de pesos y que les da garantías de que las inundaciones sólo serán un mal recuerdo. "El ministro de Obras Públicas (Marcelo Nazur) vino, habló con todos en la plaza y prometió que volvería después de tres semanas para explicarnos los avances de los trabajos. Ya pasaron más de dos meses desde la inundación y no lo volvimos a ver", lamenta.

No han llegado, tampoco, respuestas respecto del plan que presentaron los vecinos. Ni para descartarlo, enmendarlo, descartarlo o financiarlo. En contraste, con toda celeridad le llegó a Mirna una carta documento de un subsecretario del Ministerio del Interior de la Provincia, que se manifestó afectado por los dichos de la vecina del pueblo sumergido. Es una pena que la capacidad de reacción de las autoridades para llevar soluciones a La Madrid no sea tan veloz como la capacidad para ofenderse contra aquellos que lo han perdido todo una vez más.

La falacia insoportable

El último video de Mirna es de ayer a la mañana. A la iglesia del pueblo, Nuestra Señora del Carmen, llegaron donaciones de ropa desde la localidad santafesina de Arteaga. Una multitud de vecinos se acercó a buscar indumentaria. Es que la inundación, a muchos, los dejó literalmente con lo puesto. Es que en La Madrid no hay cloacas. Durante los días en que el pueblo estuvo bajo el agua, todos los pozos ciegos colapsaron. Toda ropa empapada debió descartarse.

La magnitud de ese desastre todavía se huele en muchas casas. La contaminación en pisos y paredes es una constante nauseabunda dentro de viviendas donde, además, la humedad es opresiva. Propio de construcciones que tuvieron entre un metro y un metro y medio de agua durante varios días.

Eso que los habitantes de La Madrid soportan a diario es una realidad insoportable para el discurso oficialista tucumano. Tal vez por eso los miembros del Gabinete prefieren ignorar prolijamente esta geografía. Porque todo discurso deviene falacia frente al presente de estos 5.000 tucumanos. Si "la única verdad es la realidad", entonces en La Madrid el progreso es mentira.

Se han inundado en 1992, en 2000, en 2017 y este año. Y la respuesta del Gobierno provincial ha sido "crear una comisión". El "Estado presente" organizó una Comisión Especial de Emergencia Hídrica para que se encargue de "estudiar" qué debe hacerse para dar una solución al problema de La Madrid. ¿En serio, después de 36 años de inundaciones secuenciales, todavía tienen que estudiar la solución para el mismo drama que se sucede una y otra y otra y otra vez?

La culpa es del "pecado"

El peronismo nació como el partido de los trabajadores. Durante las experiencias kirchneristas fue degradado y resignificado como el "partido de los pobres". En Tucumán, La Madrid testimonia que todo cuanto han obrado los oficialismos que han gobernado en nombre del PJ de Tucumán es una historia del atraso. Siguen sufriendo los mismos males que hace cuatro décadas.

El progreso, por el contrario, consiste en que las nuevas generaciones vivirán mejor que las anteriores. En La Madrid, en cambio, los jóvenes ya ni siquiera reciben promesas de que no habrá más inundaciones. Inclusive, escucharon al gobernador Osvaldo Jaldo declarar que La Madrid carga con "un pecado original": según él, en haber sido fundado dónde no debía: tierras que se inundan.

Muchos padres de esos jóvenes, de hecho, ya nada esperan de las autoridades. Cuando se les pregunta qué esperan para el futuro, se encomiendan a Dios y a la Virgen y les ruegan que ya no "hagan llover" tanto sobre La Madrid. Porque si para los que gobiernan la situación de tantos miles de comprovincianos no es una situación de planificación y de obras civiles, sino de "pecados originales", no queda más alternativa que encomendarse al cielo. En definitiva, aquí los milagros parecen más factibles de tramitar que las obras de ingeniería.

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