La joven japonesa que viajó por amor y terminó víctima de secuestro y abuso en Salta

Una historia que comenzó como un romance en Japón terminó en horror en Argentina: una mujer fue privada de su libertad, despojada de sus ahorros y sometida a golpes y abusos por un exfutbolista salteño. El caso se investiga como trata de personas.

De Japón a Salta: un viaje que se convirtió en pesadilla

En septiembre de 2024, A. Y., una joven japonesa de 23 años, creyó haber encontrado el amor en el Lejano Oriente. Cinco meses después, embarazada, aceptó la promesa de un parto gratuito y una vida familiar en Salta. Lo que parecía un nuevo comienzo se convirtió en una trampa: al llegar a Argentina, fue encerrada en una vivienda sin llaves, despojada de su pasaporte y sometida a violencia física y sexual sistemática.

El acusado, un exfutbolista salteño de 23 años identificado como M. L., quedó detenido formalmente tras confirmarse que mantenía a la joven cautiva y en condiciones de indigencia. La causa, inicialmente de jurisdicción provincial, pasó al fuero federal bajo la carátula de trata de personas. Las autoridades sospechan que el traslado no fue fruto de una relación sentimental, sino un plan de captación para explotar la vulnerabilidad de la víctima.

Control absoluto y vaciamiento financiero

El abuso comenzó con un saqueo meticuloso de los recursos de la joven. M. L. se apoderó de sus cuentas y tarjetas, llevándose 180.000 dólares y generando consumos por 850.000 yenes. Bajo coacción, la obligaba a enviar mensajes a sus padres en Japón simulando una situación de emergencia, mientras él recibía el dinero de las remesas.

Sin pasaporte, sin llaves de la casa y sin conocer el idioma local, la víctima estaba atrapada en un limbo legal y social, completamente aislada.

Violencia física, sexual y negligencia médica

Los informes periciales documentan golpes constantes, tirones de cabello y abusos sexuales, incluso durante el embarazo. Además, A. Y. sufrió lesiones físicas que no fueron atendidas a tiempo, producto de la negligencia deliberada de su captor. La joven quedó con secuelas funcionales en su mano derecha que podrían haberse evitado.

Actualmente, A. Y. y su hijo están bajo resguardo institucional en un domicilio seguro, recibiendo asistencia integral con traductores y apoyo legal. El Consulado de Japón colabora en la regularización de su situación, mientras organismos locales aseguran su protección y acompañamiento.

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