Opinión

El Presidente que vino a decir nada

Nada. Legítimamente nada. Eso ha dejado el anodino paso de Javier Milei por Tucumán el pasado jueves 19. Llegó a la provincia para participar de una cita que se ha ganado un merecido lugar en la (siempre vacante) agenda regional del debate de las ideas: el Foro Económico del NOA, que organiza la Fundación Federalismo y Libertad.

El auditorio del hotel Hilton estuvo colmado. Quienes asistieron esperando que el mandatario hiciera alguna referencia, por mínima que fuese, a la crítica situación en que se encuentran decenas de miles de tucumanos como consecuencia de las inundaciones, se fueron con las expectativas resecas. Desde lo gubernamental hubo nada. Legítimamente nada. Ni anuncios. Ni ayuda. Ni compromisos. Ni diagnósticos. Ni asignación de responsabilidades. Ni la menor de las menciones.

Milei no se asomó, ni siquiera en helicóptero, a alguna de las muchas zonas afectadas. Por supuesto, no es responsabilidad suya ni de su gobierno, de apenas dos años, los muchos padecimientos de esta provincia y su crónica carencia de planificación e inversión en infraestructura. Pero sí es responsabilidad del Presidente de los argentinos la solidaridad con los argentinos. Él, por caso, conoce como pocos el valor inestimable que tiene recibir ayuda en momentos de zozobra: cuando su par de EEUU, Donald Trump, prometió públicamente asistir a la Argentina en septiembre pasado, con lo cual frenó la disparada del dólar y la descompensación de la endeble economía austral, Milei apareció emocionado hasta las lágrimas mostrando el "posteó" del estadounidense.

Nada de eso se vio el jueves aquí. Con media provincia bajo el agua, el Presidente pasó del aeropuerto a un hotel, y de regreso. Peor aún: en su alocución, descalificó la "justicia social" y la tildó de "envidia con retórica". La describió como una reacción contra el enriquecimiento de algunos sectores prósperos durante la revolución industrial. En realidad, el concepto de "justicia social" aparece ya en la obra de Santo Tomás de Aquino, hacia el 1200 después de Cristo, casi medio milenio antes del surgimiento del socialismo utópico. Ni la Escolástica es de izquierdas, ni identificarse con el prójimo frente a la desgracia es una patología social. Más bien, viceversa...

Los que aguardaban que el líder de La Libertad Avanza dijese algo de la conflictiva situación que enfrentan sus representantes en Tucumán, también se quedaron con las ganas. Porque desde lo político hubo nada. Legítimamente nada. Pese a que, aquí, ser diputado nacional libertario es una profesión de altísimo riesgo. Federico Pelli fue brutalmente agredido cuanto intentaba llegar a la comuna de La Madrid: fue hospitalizado y operado tras sufrir un severo traumatismo de cráneo. Soledad Molinuevo, en tanto, fue obligada, mediante un fallo judicial sin precedentes, a eliminar publicaciones de sus redes sociales referidas al gobernador Osvaldo Jaldo. No sólo no hubo una sola mención de Milei al respecto: en materia de gestos políticos, las "fotos" del Presidente fueron con el gobernador. Si de gestos se trata, el respaldado terminó siendo para el mandatario provincial.

Claro está, algún purista argumentaría que Milei debe estar por encima de las cuestiones políticas porque es el Presidente de todos los argentinos (aunque lo disimule tan prolijamente respecto de los inundados). A lo que agregaría que no había sido invitado a un "acontecimiento político", pese a ser la principal autoridad política del país. Ese sofisma podría funcionar si, cuánto menos, el jefe de Estado hubiera venido al Foro Económico del NOA a hablar de economía, dado que es economista. Sin embargo, desde lo económico, su visita dejó nada. Legítimamente nada.

Arribó a la provincia en momentos en que la inflación ha abandonado su tendencia a la desaceleración. Aquello de que el índice comenzará "con cero" sigue siendo una promesa azul, pero lejana, a la que insiste en avizorar en una "inflación mayorista" que no aparece en la angustia existencial de los argentinos ante el ticket del supermercado. La variación del Índice de Precios al Consumidor trepó al 2,9% en febrero y en Tucumán superó holgadamente (y alarmantemente) el 3%. De manera complementaria, la desocupación volvió a subir y el índice superó ya el 7%. El contexto internacional, además, enfrenta una encrucijada compleja a partir de la guerra en Oriente Medio. La tribuna del Fenoa era una notable oportunidad para que el jefe de Estado pudiera trazar un diagnóstico sobre la situación actual del país y de su gestión, así como para dar cuenta de lo que puede esperarse en el corto plazo. En cambio, dedicó toda su exposición a hablar sobre "La riqueza de las naciones", la obra de Adam Smith... escrita hace 250 años. Repitiendo, como un mantra, la expresión: "Adam Smith la vio". Expresión que matizaba, cada tanto, con chicanas e insultos contra todos aquellos que no aplauden al autodenominado "mejor gobierno de la historia".

A más de uno en el auditorio le hubiera gustado que el mismo desenfado, y la misma contundencia, fueran esgrimidas por Milei para desmentir los hallazgos escandalosos que las pericias judiciales están encontrando en el teléfono celular de Mauricio Novelli en torno de la "criptoestafa" de "$Libra". O que el énfasis con el que vituperó a periodistas, empresarios o dirigentes opositores lo empleara para refutar las denuncias contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Porque, en definitiva, la república liberal diseñada en la Constitución Nacional por Juan Bautista Alberdi (al que sí nombró) exigen de los gobernantes la rendición de cuentas. Sin embargo, ni una sola palabra hizo mención a estos sucesos. Desde lo institucional, la cita presidencial dejó nada. Legítimamente nada.

En síntesis, Milei actuó como un Presidente sin escándalos, a cargo de un Gabinete insospechado, que visitó una provincia carente de problemas, donde la dirigencia de su fuerza política no afronta ningún inconveniente, y en un contexto socioeconómico de bienestar pleno. Si la realidad no tiene nada que ver con esto es porque un representante que está hablándole a nadie, en definitiva, termina diciendo nada. Legítimamente nada.

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