Escándalo en hospitales: robos de fentanilo y "fiestas de propofol"
El fallecimiento de un residente del Hospital Gutiérrez abrió una caja de Pandora sobre el consumo de drogas hospitalarias entre profesionales. El Hospital Italiano admitió irregularidades y cesanteó a personal involucrado.
La muerte de Alejandro "Alito" Zalazar (29), hallado sin vida en su departamento de Palermo con una vía intravenosa conectada a su pie, fue el disparador de una investigación que hoy tiene en vilo a los principales centros de salud de la Ciudad de Buenos Aires. Lo que inicialmente parecía un caso de consumo personal se transformó en una causa compleja que sigue la pista del robo sistemático de propofol y fentanilo, drogas de uso exclusivo hospitalario, que habrían sido desviadas para ser utilizadas en eventos sociales denominados "fiestas de propofol".
El mecanismo del desvío y los audios del escándalo
La fiscalía investiga una red de redistribución de estupefacientes que habrían salido del Hospital Italiano. Según audios que circulan entre la comunidad médica, profesionales de distintas instituciones organizaban reuniones donde utilizaban bombas de infusión -también sustraídas- para administrarse propofol de forma continua. En estos encuentros, se realizaban los llamados "viajes controlados", donde los participantes llegaban a estados de apnea (paro respiratorio breve) y requerían que otro colega los ventilara manualmente con un ambú para no morir. El escándalo ya provocó la renuncia de un anestesiólogo de planta y la licencia de otra médica en la institución privada.
El peligro del propofol: El sedante que mató a Michael Jackson
El propofol es un anestésico de acción rápida que genera una sedación profunda y un despertar placentero, razón por la cual es altamente adictivo en entornos de estrés médico. "Es un sedante gabaérgico que provoca una depresión respiratoria inmediata", explicó el toxicólogo Francisco Dadic. Aunque los hospitales utilizan sistemas de doble receta y controles estrictos, la investigación sugiere que el sobrante de ampollas en cirugías o declaraciones de uso fraudulentas permitieron el "goteo" de estas sustancias hacia el mercado negro recreativo. Mientras la justicia analiza el teléfono de Zalazar, el sistema de salud porteño inicia una revisión integral de sus protocolos de seguridad.