Emergencia hídrica en Tucumán: las razones científicas de un fenómeno que no da tregua

El doctor en Geología, Sergio Georgieff, analiza la saturación de los suelos, la falta de obras estructurales en la ruta 157 y el complejo manejo de los diques que mantiene en vilo a los vecinos de La Madrid.

Las imágenes de la Ruta 157 partida al medio para que el agua pueda circular se repiten una y otra vez y ya se transformaron en una postal dramática de las inundaciones en el sur de Tucumán. Pero detrás de la desesperación de los vecinos y del avance del agua hay una explicación que mezcla fenómenos naturales con decisiones humanas que agravaron el problema.

El geólogo Sergio Georgieff, investigador del CONICET, sostiene que lo que ocurre en La Madrid es un caso claro de saturación del suelo. El terreno, además de ser bajo y con presencia de sales, ya no tiene capacidad para absorber más agua. Cuando las lluvias son intensas o se prolongan durante varios días, el suelo se llena como una esponja saturada y el excedente comienza a escurrir por la superficie, provocando inundaciones incluso en zonas donde en ese momento ni siquiera está lloviendo.

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"El suelo se satura y deja de infiltrar agua. En zonas como La Madrid, donde además hay presencia de sales, el problema se agrava porque el terreno pierde calidad y se vuelve aún menos permeable", explicó el especialista.

Además, remarcó que La Madrid es una zona naturalmente baja y con tendencia al anegamiento, por lo que históricamente ha sufrido inundaciones incluso en momentos donde no se registraban lluvias directas en la ciudad.

Si romper la ruta permite que el agua drene, eso significa que faltan puntos de desagüe. La solución no es romper el asfalto cada vez que se inunda, sino construir más alcantarillas y sistemas de drenaje adecuados, explicó Georgieff.

El rol del dique El Cadillal, Escaba y el río Salí

El sistema hídrico de Tucumán también depende del funcionamiento de los embalses, como El Cadillal y Escaba, que cumplen la función de regular las crecientes de los ríos.

Georgieff explicó que estos diques cuentan con manuales de manejo y protocolos nacionales para la apertura de compuertas, justamente para evitar que las descargas generen inundaciones aguas abajo.

Sin embargo, el problema aparece cuando el entorno del río está ocupado.

"El río puede desbordar de forma natural. Pero cuando hay viviendas en zonas que deberían estar libres -como las franjas de seguridad de 60 metros a cada lado del cauce- el impacto de una crecida se vuelve mucho mayor", indicó.

En este sentido, señaló que la urbanización sin planificación en las riberas del río Salí agrava los efectos de cualquier crecida o desembalse.

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El problema empieza mucho antes: en la cuenca alta

Otro de los factores clave está en las zonas altas de la cuenca hídrica, especialmente en regiones de Catamarca, de donde provienen los ríos que alimentan el dique Escaba, como el Singuil.

El especialista explicó que los cambios en el uso del suelo, especialmente la expansión agrícola y la pérdida de vegetación natural, aumentan la erosión y el escurrimiento del agua, lo que termina generando mayores caudales y sedimentos que llegan a los embalses.

Esto provoca además procesos de colmatación, es decir, la acumulación de sedimentos en los diques, lo que reduce su capacidad de almacenamiento y regulación de las crecidas.

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Urbanización, desmontes y menos infiltración

Georgieff también advirtió sobre el impacto de la urbanización en las zonas serranas de Tucumán, especialmente en sectores como San Javier y el faldeo de la sierra.

Históricamente, esas áreas funcionaban como zonas de infiltración natural donde el agua de lluvia penetraba en el suelo y recargaba los acuíferos.

"Hoy hay más construcciones, más caminos y menos superficie natural. Eso hace que el agua ya no infiltre como antes y que el escurrimiento superficial sea mucho mayor", explicó.

Según el especialista, la única variable que no se puede controlar es la lluvia, por lo que la clave está en gestionar correctamente todos los demás factores: planificación urbana, manejo de cuencas, drenajes, conservación del suelo y coordinación entre provincias.

"Las inundaciones no responden a una sola causa. Son el resultado de muchas variables combinadas que deben ser gestionadas de manera integral", concluyó.

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