La inflación fue de 2,9%: las subas de enero expusieron los límites del plan de Milei
El IPC de enero dejó en evidencia que la desaceleración prometida por el Gobierno no termina de consolidarse. Tarifas y alimentos siguen presionando el bolsillo, mientras crecen las dudas sobre la estrategia económica oficial.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó que la inflación de enero de 2026 fue del 2,9%, una cifra superior a la de diciembre y que vuelve a confirmar que el proceso de desinflación que impulsa el Gobierno de Javier Milei atraviesa una meseta difícil de romper. En términos interanuales, el aumento de precios alcanzó el 32,4%, un número que sigue siendo elevado para una economía que el oficialismo presenta como "estabilizada".
El dato, además, se conoció en un contexto político sensible: se trata del primer IPC publicado tras la salida de Marco Lavagna del Indec, en medio de cuestionamientos por cambios metodológicos postergados y crecientes tensiones alrededor de la credibilidad de las estadísticas oficiales.
Un piso inflacionario que no logra perforarse
Desde hace cinco meses, la inflación mensual no baja del 2%, un umbral que el Gobierno prometía quebrar rápidamente con el ajuste fiscal, la contracción monetaria y la liberalización de precios.
Lejos de confirmar una tendencia descendente, el 2,9% de enero muestra que la inflación sigue mostrando resistencia, incluso en un escenario de fuerte recesión, caída del consumo y deterioro del poder adquisitivo.
El propio ministro de Economía, Luis Caputo, había anticipado un número cercano al 2,5%, pero el dato final volvió a ubicarse por encima de las previsiones oficiales, alimentando el escepticismo del mercado y de los analistas.
Tarifas y alimentos: los motores que no se apagan
Al igual que en diciembre de 2025, los aumentos en tarifas de servicios públicos y alimentos fueron determinantes en la dinámica inflacionaria. Estos rubros, esenciales para la vida cotidiana, continúan impactando de lleno en los ingresos de trabajadores y jubilados.
La persistencia de subas en bienes básicos contradice el discurso oficial de una inflación "en retirada", y refuerza la percepción social de que la estabilización macroeconómica no se traduce en alivio para los hogares.
El contraste con diciembre y el relato oficial
En diciembre de 2025, el IPC había sido del 2,8%, cerrando el año con una inflación acumulada del 31,5%, el nivel más bajo en ocho años. Sin embargo, incluso entonces, los analistas advertían que el dato mensual mostraba una aceleración respecto de meses anteriores.
Enero no solo confirmó esa advertencia, sino que profundizó la sensación de estancamiento inflacionario, poniendo en cuestión la narrativa del Gobierno nacional, que insiste en presentar los números como un éxito rotundo del programa económico.
Metas ambiciosas y una realidad que no acompaña
El Presupuesto 2026 proyecta una inflación anual del 10,1%, con una suba mensual promedio inferior al 1%. Incluso el presidente Javier Milei llegó a asegurar que el IPC debería "empezar con cero" en el segundo semestre del año.
El 2,9% de enero choca de frente con esas metas, y refuerza la brecha entre los objetivos oficiales y la dinámica real de los precios. Consultoras privadas y el propio Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central estiman una inflación muy superior a la prevista por el Ejecutivo.
Un ajuste que no logra estabilizar precios
A más de un año de iniciada la gestión libertaria, el ajuste fiscal y monetario no consigue quebrar la inercia inflacionaria, mientras el costo social del programa se hace cada vez más visible: salarios retrasados, consumo deprimido y mayor presión sobre los sectores de ingresos fijos.
El dato de enero deja en claro que la inflación sigue siendo un problema estructural, y que el plan económico de Milei enfrenta límites concretos que ya no pueden disimularse detrás de comparaciones interanuales favorables.