El femicidio de Antonella Álvarez podría estar ligado al crimen de Chacabuco 59

Una declaración clave reavivó la investigación por el asesinato de Érika Antonella Álvarez y abrió una posible conexión con el brutal crimen de Ana Gabriela Picciuto, hallada muerta en una cisterna en 2023. Coincidencias, sospechas y una causa que sigue impune.

El asesinato de Erika Antonella Álvarez volvió a quedar bajo la lupa tras el testimonio de un joven que sugirió una posible relación con uno de los casos policiales más estremecedores de los últimos años: el crimen ocurrido en Chacabuco 59. La declaración reactivó hipótesis que hasta ahora permanecían en segundo plano y volvió a exponer las zonas grises de una investigación marcada por el silencio y la falta de certezas.

Un testimonio que reavivó las sospechas

Según trascendió, el testigo habría señalado a una persona del entorno de Antonella Erika como alguien "muy pesada", y aseguró que la joven le había contado que ese individuo tenía al menos dos "boletas", un término habitual en la jerga delictiva para referirse a muertes.

Al profundizar su relato, el declarante mencionó "el caso de la mujer encontrada en una cisterna", una frase que encendió las alarmas entre los investigadores por su similitud con el crimen de Ana Gabriela Picciuto.

 Ana Gabriela Picciuto - víctima del crimen de Chacabuco 59 

El antecedente del crimen de Chacabuco 59

El hecho al que alude el testimonio ocurrió el 12 de mayo de 2023, cuando un obrero halló el cuerpo de Picciuto en la base de una cisterna de una vivienda ubicada en calle Chacabuco 59. Las pericias indicaron que la mujer había sido asesinada semanas antes, entre el 9 y el 11 de marzo.

Aunque el testigo ubicó el episodio en otra zona de la ciudad, los investigadores no descartan una confusión ni tampoco la posibilidad de que se trate de un dato aportado de manera imprecisa o deliberada.

Coincidencias que inquietan a los investigadores

Al analizar ambos casos en paralelo, los pesquisas detectaron similitudes que llaman la atención. En las dos causas, las víctimas habrían sido golpeadas en la cabeza y el consumo problemático de drogas aparece como un factor común, junto a vínculos con personas atravesadas por situaciones de adicción.

También surgió en ambas investigaciones la llamada hipótesis narco. Si bien en el caso de Chacabuco 59 no se lograron pruebas concluyentes, hubo indicios de presunta comercialización de estupefacientes. Otro dato que no pasó inadvertido es que los cuerpos habrían sido colocados en bolsas de consorcio.

Una causa marcada por la impunidad

Por el crimen de Ana Gabriela Picciuto fueron imputadas cinco personas, aunque solo una llegó a juicio. En mayo del año pasado, Leonardo Salomón fue condenado a 15 años de prisión, pero meses después un Tribunal de Impugnación lo absolvió por el beneficio de la duda.

Con esa resolución, el expediente volvió a quedar en un punto muerto. Los demás imputados ya fueron sobreseídos y no pueden ser juzgados nuevamente, salvo que aparezcan nuevas pruebas. Mientras tanto, tanto el caso de Picciuto como el de Erika Antonella Álvarez siguen rodeados de interrogantes y sin respuestas definitivas.

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