Una escuela de Barcelona fue condenada a pagar 12.000 euros por un grave caso de acoso escolar
La Justicia responsabilizó al colegio por su inacción ante humillaciones y agresiones que sufrió una alumna durante más de un año.
Una jueza de Badalona, en Barcelona, condenó a la Institució Cultural Laietana a indemnizar con 12.000 euros a una alumna que fue víctima de acoso escolar durante más de un año. El fallo consideró probado que la menor sufrió humillaciones, vejaciones y agresiones físicas, sin que el establecimiento educativo actuara de manera adecuada para frenar la situación.
Según la sentencia, a la que tuvo acceso la agencia EFE, el colegio es responsable civil directo por no haber intervenido a tiempo ni aplicado los protocolos correspondientes, pese a que los hechos eran conocidos por docentes y autoridades educativas.
Humillaciones, redes sociales y agresiones físicas
La magistrada detalló que la alumna fue sometida a una dinámica sostenida de hostigamiento, que incluyó insultos como "anoréxica" y "marginada", ataques a través de redes sociales y agresiones físicas con balonazos en la cabeza.
La situación se prolongó durante más de un año y tuvo un fuerte impacto en la salud mental de la menor, que terminó faltando al colegio para proteger su bienestar psicológico. La jueza consideró que el monto de la indemnización solicitado es "incluso moderado" frente a la gravedad de los hechos.
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Inacción y falta de diligencia del establecimiento
Durante el juicio, la institución educativa intentó desligarse de responsabilidades al señalar que el primer episodio ocurrió fuera del ámbito escolar y que los padres no informaron previamente sobre un problema de anorexia. Sin embargo, la jueza desestimó esos argumentos y fue contundente al señalar la "actitud negacionista" del colegio.
El fallo remarca que, pese a que el acoso comenzó en febrero de 2021, recién meses después se evaluó la situación, sin tomar medidas concretas. Incluso en el ciclo lectivo siguiente, la alumna continuó compartiendo actividades con su acosadora y el colegio se negó a informar al profesor de educación física, delegando esa responsabilidad en los padres.
Consecuencias graves para la víctima
La falta de intervención derivó en un agravamiento del acoso, que pasó de lo verbal a lo físico. Además, la psicóloga del Equipo de Asesoramiento y Orientación Psicopedagógica no atendió a la menor, incluso después de que sufriera un ataque de ansiedad, que fue minimizado por el entorno escolar.
Finalmente, la situación provocó absentismo escolar, algo que nunca había ocurrido antes y que tampoco fue atendido con la seriedad correspondiente por el establecimiento.
Ante la inacción del colegio, los padres recurrieron al Síndic de Greuges. Recién entonces se supo que se había iniciado un protocolo por acoso escolar, que concluyó que "el acoso no existía", una resolución que nunca fue notificada a la familia.