Opinión

Lo público se volvió propiedad privada

Del uso injustificado del avión presidencial por la esposa de Manuel Adorni a la salvaje agresión al diputado Federico Pelli en la inundada Tucumán. Una cruda radiografía de cómo la política transformó los bienes y espacios del Estado en su propiedad privada.

Corría la infame década del 30 cuando Amadeo Sabatini era gobernador de Córdoba. Al término de un acto en Colonia Caroya, en donde se había encontrado con su mujer, ella se encaminó hacia el vehículo oficial para retornar a la capital provincial junto con su marido. Pero él la detuvo amablemente y le explicó que no podía acompañarlo: ese era el auto de la gobernación y no debía ser ocupado por particulares, por más familiares que fueran.Tanto ha cambiado entre aquella anécdota y la Argentina de hoy... De manera trágica, pero coherente, la "caída" de la frontera que debe separar lo público de lo privado es, por estas horas, una ventana desde la cual asomarse a la "decadencia" de la república. En el país. Y en Tucumán.

La noticia de que Bettina Angeletti, esposa del jefe de Gabinete de la Nación, Manuel Adorni, viajó junto con él en el avión presidencial a Nueva York, ha dejado al Gobierno, literalmente, sin voz. El funcionario, que sigue desempeñándose como vocero de la Presidencia, se abocó desde el primer día a comunicar que esta gestión venía a combatir "la casta" y sus prácticas. Lo hacía no sólo con ahínco, sino también con satisfacción.

Así puede verse en su conferencia de prensa del 13 de agosto de 2024, cuando él comunica el dictado del decreto que determina que "las aeronaves públicas no podrán ser utilizadas en viajes particulares. Sólo estarán afectadas para tareas que hacen a condición jurídica del servicio público. (...) De esta forma, no podrán usarse aviones públicos para traer diarios de papel de una provincia del sur, traer a familiares desde el sur, viajar a un cumpleaños familiar o usar para cualquier otra actividad por fuera de la agenda pública".

El choque entre la prédica y la práctica convierte el hecho en un escándalo. Etimológicamente, el término "escándalo" proviene del latín y se refiere a los "escollos" de la costa: las rocas que hacían "encallar" a los barcos. Literalmente, este caso hace "naufragar" la pátina de "pureza" con la que pretendían darse abluciones en el oficialismo nacional. Es cierto que suena a tomada de pelo que el kirchnerismo "exija" explicaciones. Pero no hay que caer en falacias ad hominem. Era tan impropio que antes usaran las aeronaves oficiales para trasladar muebles a propiedades patagónicas como emplearlas ahora para transportar cónyuges a ciudades estadounidenses.

Peor que el soneto ha sido la enmienda del presidente, Javier Milei. Pretendió que quienes critican lo ocurrido son ignorantes de conceptos como el "costo marginal". La explicación consiste en que si debo fletar un avión y hay un asiento vacío, montar a alguien en esa butaca tiene un "costo marginal" igual a cero. La subestimación de Milei respecto de la inteligencia de los argentinos es sorprendente: nadie está hablando de los costos del Estado, sino del uso de un bien del Estado para satisfacer un interés personal. Es decir, el empleo de lo público como si fuera propiedad privada. 

Por cierto: si lo de Milei se vuelve doctrina, los ómnibus y los trenes deberían aceptar a los pasajeros que quieran viajar sin pagar el boleto. En definitiva, van a hacer el recorrido de todas maneras, de modo que su "costo marginal" para llevar un pasajero más es igual a cero...

En Tucumán, donde el infierno es de agua, la apropiación de lo público como si fuese propiedad privada tuvo un capítulo severamente más violento. El diputado nacional Federico Pelli fue salvajemente golpeado cuando intentaba llegar a la inundada localidad La Madrid. Un empleado público, que estaba nombrado no en esa comuna sino en la de Los Bulacio, le comunicó a un representante del pueblo que "nadie" iba a pasar. Como si la ruta 157, el pueblo de La Madrid o el Este de la provincia fuesen propiedad privada de alguien.

A escasos metros del lugar donde lesionaron gravemente al parlamentario nacional estaba el ministro del Interior, Darío Monteros, a quien La Libertad Avanza responsabiliza sin escalas por el incidente. Sostienen que el agresor tiene directa vinculación con el funcionario. Y nadie menos que Guillermo Francos, ex jefe de Gabinete, pidió públicamente la renuncia del ministro, haciendo al gobernador, Osvaldo Jaldo, solidariamente responsable de los acontecimientos.

Así en el país, como en la provincia, no sólo se desdibuja la frontera entre lo público y lo privado. También se termina difusa la función de los gobernantes y de sus colaboradores. Históricamente, eran los ministros los que pagaban altos costos políticos como precio para salvar el pellejo de sus jefes. Ahora, aparentemente, es al revés...

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