Surgen nuevos detalles del caso de Érika Antonella Álvarez

Según informaron, las pericias podrían estar en un mes tras el comienzo de las mismas.

El homicidio de Érika Álvarez, hallada sin vida en un descampado de Manantial Sur, dejó al descubierto un entramado complejo que involucra violencia, adicciones, relaciones sentimentales con figuras del narcotráfico y sospechas sobre la colaboración de terceros. La joven de 25 años estudiaba Enfermería y enfrentaba problemas de consumo de drogas, lo que la vinculaba a ciertos círculos donde el consumo y la explotación sexual se cruzaban.

Felipe Sosa es el único imputado

El principal sospechoso, Felipe Sosa, exmilitar con formación en el Colegio Militar de la Nación y la Legión Extranjera francesa, fue detenido y enfrenta acusaciones por homicidio simple. Según su defensor, Marcelo Cosiansi, Sosa no contaba con entrenamiento para matar y sus misiones siempre fueron de paz. Tras retirarse del Ejército, se volcó al rubro de la seguridad, primero en empresas privadas y luego con su propia firma.

A pesar de no tener antecedentes penales, Sosa estuvo involucrado en procesos judiciales previos, incluyendo un caso por cultivo de marihuana medicinal y otro por violencia de género, ambos cerrados de manera polémica. Además, recientemente fue denunciado por amenazas de muerte, hecho que generó medidas de protección a favor del denunciante.

La relación del narcotráfico con el caso 

Érika mantenía vínculos con un hombre identificado como C. F. B., alias "El Mayor", paraguayo y líder de una organización narco que traficaba marihuana por vía aérea. Según allegados, él la ayudaba económicamente y organizaba reuniones en casas donde ella participaba de fiestas con consumo de drogas y sexo grupal. Los investigadores aún analizan si este vínculo pudo haber sido clave en su asesinato o si funcionó como nexo con Sosa.

Las pericias podrían tener resultado en un mes

El fiscal Carlos Picón sostiene que Sosa habría asesinado a Érika entre el 7 y 8 de enero en un domicilio de Yerba Buena, propinándole golpes que afectaron vértebras cervicales, para luego trasladar el cuerpo en una bolsa y arrojarlo en el descampado. La investigación apunta a que podría haber contado con colaboración para ocultar el crimen, y se analiza la participación de familiares y empleados de su empresa de seguridad.

Entre los elementos secuestrados en los allanamientos figuran camionetas, armas, una caja fuerte y dispositivos de almacenamiento. Asimismo, se estudian los celulares de Sosa, de la víctima y de otros involucrados para determinar comunicaciones y contactos relevantes.

Las pericias genéticas sobre el cuerpo de la víctima comenzaron recientemente, y los resultados podrían tardar al menos un mes. La policía y el Ministerio Público insisten en agotar todas las líneas de investigación, incluyendo la conexión de Sosa con redes de narcotráfico y su entorno laboral y familiar.

Una causa que mantiene alta la tensión social

El caso Álvarez evidencia la complejidad de un crimen donde confluyen adicciones, relaciones peligrosas y presuntos vínculos con el narcotráfico, y promete mantener la atención de la opinión pública. La familia de Érika exige que se investigue hasta el fondo, y la Justicia avanza con múltiples frentes para esclarecer responsabilidades y descubrir si hubo más implicados en este asesinato que conmocionó a Tucumán.

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