El Cadillal vuelve al foco por un caso policial y reaviva viejas sospechas

El crimen de Érika Álvarez volvió a poner en agenda a la villa turística, mencionada en causas emblemáticas y vinculaciones narco.

El Cadillal volvió a quedar en el centro de la escena tras el crimen de Érika Antonella Álvarez, una causa que expuso nuevamente las irregularidades históricas de la villa turística ubicada a unos 25 minutos de San Miguel de Tucumán. Si bien la joven no fue asesinada en el lugar, habría participado allí de reuniones organizadas por un narco conocido como "Carlos", de origen brasileño.

Vecinos de la zona aseguran que la situación no sorprende. "Cuando está todo mal, lo raro sería que no pasara nada", expresó José Ignacio Fuentes, residente del lugar. En la misma línea, Fernando Sosa, pescador habitual de El Cadillal desde hace más de 30 años, sostuvo que las irregularidades llevan décadas y que ahora, con mayor presencia del Estado, comienzan a salir a la luz.

El Cadillal y los casos que marcaron a Tucumán

La localidad aparece mencionada en algunos de los hechos policiales y judiciales más conmocionantes de las últimas dos décadas. Una de las líneas investigativas por el crimen de Paulina Lebbos llevó a los investigadores hasta el camping 26 de Agosto, que ya en 2006 funcionaba como loteo ilegal. Según esa hipótesis, la joven habría muerto en una fiesta realizada en una vivienda vinculada a un ex funcionario provincial.

También El Cadillal fue señalado durante la búsqueda del cuerpo de Ángela Beatriz Argañaraz, desaparecida en 2006. Las ex novicias condenadas por el crimen poseían una propiedad en la zona, lo que reforzó las sospechas de que el cuerpo podría haber sido ocultado allí.

A estos antecedentes se suma el caso de Aída Correa, asesinada en 2012, y la posterior muerte por ahogamiento de su esposo e hijo en 2018, un episodio que oficialmente fue considerado accidental, aunque la familia siempre expresó dudas sobre lo ocurrido.

Narcotráfico, tierras fiscales y poder local

El crimen de Érika Álvarez está atravesado por el consumo y la comercialización de drogas. La joven era vulnerable por sus adicciones y estaba vinculada a personas del ambiente narco. El principal acusado es Felipe "El Militar" Sosa, señalado como distribuidor de drogas sintéticas en fiestas electrónicas.

En los últimos años, El Cadillal fue escenario de investigaciones por narcotráfico, incluyendo plantaciones de marihuana y centros de fraccionamiento de cocaína. Además, durante causas judiciales contra bandas criminales como la liderada por Ángel "El Mono" Ale, se mencionaron propiedades de alto valor construidas de manera irregular en la zona.

Otros expedientes también revelaron secuestros, disputas por tierras fiscales y vínculos entre organizaciones narco y ex autoridades comunales. Documentación hallada en allanamientos permitió comprobar que algunos condenados por delitos vinculados a drogas poseían múltiples viviendas, varias de ellas ubicadas en áreas protegidas de El Cadillal.

Un territorio bajo la lupa

Con una larga historia de usurpaciones, loteos ilegales y escaso control estatal, El Cadillal vuelve a quedar bajo la lupa judicial y política. El caso de Érika Álvarez reabrió interrogantes sobre el rol de la villa turística como posible refugio de actividades criminales y sobre la necesidad de un control sostenido para evitar que se repitan hechos que marcaron profundamente a Tucumán.

Esta nota habla de: