Crónica de un 1 de mayo sangriento: la masacre de 1909 y el temible coronel Falcón
Lo que debía ser una jornada de reclamos obreros terminó en una espiral de violencia con muertos, heridos y una huelga general que paralizó Buenos Aires. El papel del jefe de policía, Ramón Falcón, y la venganza anarquista.
El sábado 1 de mayo de 1909, Buenos Aires amaneció bajo un clima de creciente inestabilidad social. Los trabajadores anarquistas se concentraron en la Plaza Lorea para reclamar por la jornada de ocho horas, la abolición del trabajo infantil y mejores salarios, en un contexto donde el kilo de pan costaba 16 centavos y el alquiler de una pieza de conventillo rondaba los 20 pesos mensuales.
La represión en Plaza Lorea y el saldo trágico
Cerca de las tres de la tarde, la situación estalló antes de que comenzaran los discursos. Según los manifestantes, la policía provocó un incidente que desencadenó una lucha campal con armas de fuego y sables.
Ataque a mansalva: el jefe de la policía, el coronel Ramón Lorenzo Falcón, estudiaba el panorama desde su carruaje mientras los efectivos disparaban contra la multitud.
Víctimas fatales: la refriega dejó como saldo inicial a los obreros Miguel Bech, José Silva y Juan Semino muertos en el lugar. Horas después fallecerían Manuel Fernández y Luis Pantaleone.
Heridos: hubo alrededor de cuarenta heridos, la mayoría de nacionalidad española, italiana y rusa.
Una semana de huelga general y ciudad sitiada
Tras los asesinatos, se convocó a una huelga general "hasta que renuncie o sea despedido el jefe de policía". La medida de fuerza paralizó la Capital Federal durante siete días.
Parálisis total: para el lunes 3 de mayo, ya no circulaban carros, carruajes ni tranvías, y todos los comercios y teatros cerraron sus puertas.
Sepelio multitudinario: unas 80.000 personas participaron en el entierro de las víctimas en el cementerio de la Chacarita. La jornada terminó con 300 detenidos tras nuevos choques con la policía.
Escasez: el 4 de mayo los artículos de primera necesidad comenzaron a escasear y sus precios se dispararon.
El fin de la huelga y la sombra de la venganza
El jueves 6 de mayo, el ejército comenzó a custodiar los pocos carros de mercadería que circulaban. Finalmente, el sábado 8, los dirigentes levantaron la huelga tras negociar con el Gobierno la reapertura de locales obreros y la libertad de los detenidos.
Sin embargo, el conflicto dejó una marca imborrable en la historia argentina. Ramón Falcón se convirtió en el enemigo número uno de los movimientos obreros.
El atentado de Simón Radowitzky
La violencia de aquel mayo de 1909 encontró su cierre trágico el 14 de noviembre del mismo año. Mientras Falcón transitaba en su carruaje por la avenida Callao, el joven anarquista Simón Radowitzky arrojó una bomba contra el vehículo.
Muerte de Falcón: el coronel y su secretario, Juan Alberto Lartigau, fallecieron pocas horas después a causa de las heridas.
Simbolismo: el anarquismo tomó el atentado como la venganza definitiva por los obreros asesinados meses atrás en Plaza Lorea.
Contexto Histórico
En 1909, Argentina era gobernada por José Figueroa Alcorta. El país se preparaba para los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, mientras el Departamento Nacional del Trabajo (creado apenas en 1907) no lograba contener las tensiones de una clase obrera que vivía en la orfandad y la miseria.