¿Cortocircuito en Casa de Gobierno? Los fusibles que saltan mientras los Ministros se tiran la pelota
Entre apagones y acusaciones, el temporal dejó al descubierto un gabinete fracturado, donde la prioridad parece ser esquivar culpas antes que dar respuestas a la crisis.
El temporal del fin de semana dejó a la Casa de Gobierno en una penumbra simbólica. La falla de un tablero eléctrico dejó oficinas clave a oscuras, pero el verdadero cortocircuito es político. En los pasillos húmedos del palacio, el ruido de los generadores apenas lograba tapar el murmullo de los reproches cruzados: aquí nadie quiere ser el responsable del desastre.
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El juego de "la culpa es del otro"
El apagón parece haber soltado la lengua de varios funcionarios que, por lo bajo, ya no ocultan las grietas internas. El caso más emblemático es el de la ministra de Educación, Susana Montaldo, quien en un ejercicio de equilibrismo político ya deslizó que los problemas en las escuelas no son de "infraestructura escolar" (su área), sino culpa de Vialidad o de los accesos que dependen de otros.
Esta gimnasia para esquivar el bulto no es aislada. El gabinete se ha convertido en un campo de batalla de jurisdicciones donde cada uno cuida su "quinta": si el agua no escurre, la culpa es de Obras Públicas; si las escuelas no abren, es de Edcuación; y si el tablero oficial estalla, la culpa siempre es del factor externo.
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Una gestión que "hace agua"
El temporal desnudó una realidad incómoda: el Gabinete funciona con la misma precariedad que la red eléctrica provincial. Mientras la provincia se hundía, quedó en evidencia que varios ministerios hacen agua por los cuatro costados, demostrando una falta de coordinación que no se soluciona con parches. Cada ministro cuida su "térmica" personal y, ante el menor chispazo, prefieren que salte el fusible del compañero antes que hacerse cargo de la propia desidia.
En lugar de un equipo de trabajo, lo que se percibe es un conjunto de compartimentos estancos donde la prioridad no es sacar el agua de las casas de los tucumanos, sino evitar que el barro salpique el propio despacho.
Penumbras políticas
Tucumán vivió un fin de semana de caos, y la Casa de Gobierno fue el epicentro de una tormenta que no fue solo climática. Con el agua al cuello y los despachos a oscuras, quedó claro que en el seno del oficialismo los cortocircuitos están a la orden del día. El tablero eléctrico puede repararse, pero la confianza interna parece haber sufrido un daño mucho más profundo.
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