A 32 años de la tragedia: la frase que pudo salvarle la vida a Ayrton Senna

Un 1 de mayo de 1994, el automovilismo perdió a su máximo héroe en la curva de Tamburello y se convirtió en el día más triste de la Fórmula 1.

Hoy se cumplen 32 años de aquel fatídico domingo en el que Ayrton Senna, el maestro de la lluvia y tricampeón mundial, perdió la vida a los 34 años en el Gran Premio de San Marino. Detrás del fatal accidente a 218 km/h, quedó guardada para siempre una conversación íntima que pudo haber cambiado el destino de la Fórmula 1.

Un fin de semana marcado por la muerte

El clima en el autódromo de Imola era denso y oscuro. El viernes 29 de abril de 1994, el brasileño Rubens Barrichello se había estrellado a 90G de fuerza con su Jordan, quedando clínicamente muerto por seis minutos. Sin embargo, al día siguiente, el luto invadió los boxes: el austríaco Roland Ratzenberger falleció al volante de su Simtek tras un brutal impacto a más de 300 km/h durante la clasificación.

Estos dos hechos impactaron profundamente en el ánimo de Senna. El piloto de Williams tenía un mal presentimiento de cara a la carrera, lo que lo llevó a refugiarse en las palabras de su hombre de confianza: el neurocirujano y médico de la FIA, Sid Watkins, el "ángel guardián" de los pilotos.

"¿Por qué no te retirás? Vamos a pescar"

En una de esas charlas al borde de la pista, Watkins vio la angustia en los ojos del tricampeón (ganador en 1988, 1990 y 1991) y le hizo una propuesta directa:

¿Por qué no te retirás? ¿Qué más necesitás? Sos tricampeón, el más rápido. Vamos a pescar. No corras

La respuesta de Senna fue la de un hombre que, pese a sus miedos, sentía el peso de su propio legado: "Sid, hay algunas cosas sobre las cuales los pilotos no tenemos el control. No puedo abandonar, tengo que seguir".

La vuelta 7 y el dolor de todo un país

Y siguió. El domingo largó desde la pole position (la número 65 de su carrera) tras haber dominado en los tiempos por sobre el Benetton de un joven Michael Schumacher. Lideró a velocidad plena hasta que en la vuelta 5 ingresó el auto de seguridad.

Al reanudarse en la sexta, el Williams FW16 número 2 tomó velocidad. En la vuelta 7, a 305 km/h, el auto se despistó por la rotura de la barra de dirección e impactó contra el temido paredón de Tamburello. Según los peritajes, la barra de suspensión perforó su visera, causándole fracturas irreversibles en la base del cráneo. Horas más tarde, se anunciaba su muerte en un hospital de Bolonia.

En el habitáculo destrozado de su auto, los rescatistas encontraron una bandera de Austria. El ídolo paulista, dueño de una caballerosidad única y protagonista de la mítica rivalidad con Alain Prost, tenía planeado homenajear a Ratzenberger si ganaba la carrera. Brasil lo lloró y, a más de tres décadas, el vacío que dejó en las pistas sigue sin poder llenarse.

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