Acuerdo UE-Mercosur: qué cambia para la Argentina
Tras el aval político de la Unión Europea, el pacto comercial entra en su tramo decisivo. Aranceles, cuotas, retenciones y reglas claras anticipan impactos concretos sobre el perfil productivo argentino.
Después de más de dos décadas de negociaciones, el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur dio un paso clave con la aprobación política del bloque europeo. El visto bueno final del Mercosur se espera para el 17 de enero y, luego, comenzará el proceso de ratificación parlamentaria. Si todo avanza según lo previsto, el entendimiento podría entrar en vigor hacia fin de año.
El texto se apoya en tres pilares -comercio, política y cooperación- y fija compromisos que inciden directamente en las exportaciones, la industria local y la llegada de inversiones. En la Argentina, el Gobierno celebró el avance y proyectó un escenario de mayor previsibilidad y acceso preferencial a uno de los mercados más grandes del mundo.
Más acceso al mercado europeo y salto exportador
El acuerdo elimina aranceles para el 92% de las exportaciones del Mercosur y concede preferencias adicionales para otro 7,5%, lo que deja alcanzado al 99% de los productos agrícolas. En paralelo, el Mercosur reducirá de forma gradual el 91% de los aranceles que hoy aplica a bienes europeos.
Según estimaciones difundidas por la UE, el comercio bilateral se expandiría con fuerza:
Exportaciones de la UE al Mercosur: +39%
Exportaciones del Mercosur a la UE: +17% (unos 8.900 millones de euros adicionales)
Para la Argentina, el beneficio central es competir en igualdad de condiciones con países que ya tienen acuerdos con Europa, en un mercado de 450 millones de consumidores y alto poder adquisitivo.
Industria, competitividad y reglas previsibles
Especialistas destacan que el impacto no será inmediato en todos los sectores, ya que muchos productos ingresarán con arancel cero recién entre el año 7 y 10, mientras que otros -como carnes- mantendrán cuotas. Sin embargo, el valor estratégico del acuerdo radica en la previsibilidad regulatoria: reglas sanitarias, ambientales y sociales claras, con plazos y criterios científicos.
Economistas y referentes industriales coinciden en que la apertura será gradual, con plazos de 5, 10 y 15 años, lo que amortigua el impacto sobre sectores sensibles y empuja a mejorar la competitividad. Además, la industria europea enfrenta costos laborales y energéticos elevados, un factor que puede equilibrar la competencia.
Retenciones, cuotas y cambios clave para sectores sensibles
El entendimiento introduce definiciones concretas que afectan la estructura exportadora argentina:
Cuotas arancelarias para productos sensibles: carne bovina, aviar y porcina, arroz, maíz, miel, lácteos, etanol y ovoproductos.
Derechos de exportación (DEX): desde el tercer año, la Argentina dejará de aplicar retenciones a la mayoría de las exportaciones a la UE, con excepciones (soja, hidrocarburos, papel, corcho y chatarra). En soja, los topes bajarán del 18% al 14% hacia el año 10.
Desgravación inmediata o gradual para productos clave: soja, maní, frutas, legumbres, aceites, pesca, biodiesel, vinos y alimentos procesados.
Limitación de medidas discrecionales: se restringen licencias y trabas cuantitativas al comercio exterior.
Alineamiento regulatorio: avances en aduanas, servicios, compras públicas y propiedad intelectual.
Inversiones y respaldo empresario
Desde el sector privado, el acuerdo es leído como una señal institucional para atraer capitales. Europa concentra los mayores flujos de inversión externa y el alineamiento regulatorio mejora la seguridad jurídica, un punto clave para la Argentina.
Cámaras empresarias como la CAC, el Grupo de los 6 (UIA, SRA, CAC, Bolsa, Adeba y Camarco) y la AEA expresaron su apoyo. Coinciden en que el acuerdo puede impulsar exportaciones, generar empleo de calidad y acelerar la inserción internacional del país.