"A Dios rezando y con el palo dando": oraciones el domingo, balas el lunes y la doble cara de la respuesta oficial ante las inundaciones
Mientras el gobernador apelaba a la fe y rezaba por los damnificados, vecinos de La Madrid que lo perdieron todo salían a la ruta a reclamar obras y respuestas. Horas después, la protesta fue respondida con Infantería y balas de goma.
El domingo, el gobernador Osvaldo Jaldo participó de la misa en honor a San Francisco Solano y pidió por las familias afectadas por las inundaciones. Hubo palabras de consuelo y una apelación a la fe frente a la tragedia. La escena fue difundida por el propio aparato de prensa oficial como un gesto de cercanía en medio de la crisis.
Un giro atípico se dio en ese contexto: en lugar de gestionar o anunciar soluciones concretas para La Madrid, el mandatario optó por elevar plegarias, rezar por los damnificados y convertir esas oraciones en contenido institucional.
El domingo, los inundados estaban en sus intenciones. El lunes, la escena fue otra.
En el sur tucumano, vecinos de La Madrid -que llevan más de un mes conviviendo con las consecuencias del agua dentro de sus casas- salieron a la Ruta 157 para reclamar obras y soluciones definitivas. La protesta, que había comenzado de manera pacífica, terminó en represión.
Efectivos de Infantería avanzaron sobre los manifestantes y utilizaron balas de goma para dispersarlos y liberar el tránsito. Los vecinos calificaron el accionar como "vergonzoso" y denunciaron un uso desproporcionado de la fuerza frente a una población que aún no logra recuperarse de las inundaciones.
La escena expone un contraste difícil de disimular.
Mientras los damnificados eran reprimidos en la ruta, el gobierno avanzaba en una agenda paralela, con anuncios y definiciones políticas que no daban respuesta inmediata a la crisis estructural que atraviesa el sur provincial. Incluso en paralelo, el gobernador daba una conferencia de prensa legitimando el desistimiento del PE para avanzar en la expropiación de 3 terrenos de grandes extensiones destinados a la realización de obras de gran envergadura, que finalmente no se harán
Entre los rezos y las balas, hay apenas horas. Pero también hay una distancia profunda.
De un lado, el lenguaje de la fe, la liturgia y el consuelo. Del otro, el lenguaje del conflicto: cuerpos empujados, vecinos reprimidos, una ruta convertida en escenario de tensión social.
Las familias afectadas -las mismas por las que se rezaba- son las que hoy protagonizan el reclamo. Y también las que quedaron en el medio de un operativo policial, que otra vez terminó en represión.
La secuencia no es solo cronológica. Es política. Primero, el gesto simbólico. Después, la respuesta material. Porque mientras se reza por los damnificados, los damnificados siguen esperando. Y cuando la espera se convierte en protesta, la respuesta ya no baja desde el púlpito, sino desde los escudo y las ithacas.