8M: un refugio contra la violencia en Tucumán
En una charla íntima con Enterate Play, la coordinadora del Centro Comunitario Acesso Oeste relata 30 años de lucha en los barrios Las Tipas y Acceso Este.
El Día Internacional de la Mujer es, para Noemí "Mimí" Orellana, una jornada más de trabajo en la trinchera social. Como coordinadora del Centro Comunitario Acceso Este, Mimí lidera una red que nació de la lucha por la tierra y hoy sostiene la alimentación, la salud y la dignidad de cientos de familias en el Acceso Este y el barrio Las Tipas.
Alimentar a 500: La logística del "Nosotros"
El centro no descansa. Con un equipo de casi 20 mujeres, la organización garantiza la comida de lunes a viernes:
Sede Central (Acceso Este): 389 viandas para el almuerzo.
Anexo (Las Tipas): 125 viandas para la cena."El 'yo' no existe", afirma Mimí emocionada, destacando a sus compañeras (Mariana, Patricia, Fanny, entre otras) como las manos que hacen posible lo imposible.
Contención y Refugio: La huella de Rosita Poma
La labor del centro trascendió la olla popular hace tiempo. Cuentan con un centro maternal y, desde 2023, con la Casa de Refugio "Rosita Poma". Este espacio nació de una tragedia: el suicidio de una compañera que no logró escapar de la violencia de género. Hoy, el refugio es un hogar seguro para madres e hijos en situación de vulnerabilidad.
La lucha contra las adicciones: Las historias de Luis y Maxi
Desde 2010, el centro aborda el consumo problemático, una realidad que Mimí ve crecer ante la crisis económica actual. La referente compartió dos relatos que marcan el pulso del barrio:
El rescate de Luis: Un joven discriminado por su aspecto ("portador de rostro") a quien el centro salvó de una infección grave en el brazo y logró que la policía y el sistema de salud respetaran su derecho a transitar dignamente.
La esperanza de Maxi: Un joven recuperado que hoy es testimonio de fe, recuperó a sus hijas y ayuda a otros chicos a salir de la calle.
El rol histórico de la mujer: De la crisis de 2001 a la diversidad
Mimí reflexiona sobre el quiebre que significó el 2001. Cuando los hombres perdieron el empleo y se retrajeron, las mujeres salieron a la calle. Dejaron la vergüenza de lado para limpiar, cocinar y lavar, convirtiéndose en el sostén económico y social de la comunidad.
Esa apertura hoy se traduce en espacios para la diversidad: el centro cedió su biblioteca y la radio comunitaria a jóvenes del colectivo LGTBIQ+, brindándoles herramientas de pertenencia y trabajo genuino en un entorno que muchas veces los excluye.