"Tengo PCB en sangre y el Estado me dio la espalda": el crudo testimonio de la primera denunciante de Los Pocitos
En una entrevista extendida con Enterate Play, la primera denunciante de Mirta Abdala reveló que sus estudios realizados en la UBA confirman la presencia de tóxicos en su organismo.
Mirta Abdala, la primera denunciante de los casos de contaminación por PCB en Los Pocitos, dialogó con Enterate Play desde el lugar de los hechos.
El mapa del dolor: 50 niños enfermos
Mirta realizó un relevamiento casa por casa que arroja cifras catastróficas. En una sola vereda de 90 metros frente al transformador, identificó a tres mujeres con cáncer. Hoy, el número asciende a 37 adultos con patologías oncológicas y 50 niños con discapacidades madurativas, autismo y retrasos mentales, incluyendo a sus propios nietos.
"No es casualidad. Es una generación afectada. Hay nueve criaturas enfermas en un espacio de 70 metros", denunció. Para la sociología ambiental, este sector de Los Pocitos ya es considerado una "zona de sacrificio": un lugar donde la vida humana se vuelve descartable en favor de la actividad industrial o eléctrica.
Los olores de la muerte y el pánico
Abdala describió con precisión técnica los signos de alerta que la comunidad debe conocer. Según un empleado de la propia guardia de EDET que se solidarizaró con ella, el transformador emana distintos tipos de contaminantes:
Olor a cloro o lavandina.
Olor a "vaquelita quemada" (similar a la manija de una olla al fuego).
Olor a "fritera burbujeando" (vapor de aceite).
Olor a metal cortado con amoladora, una sensación que Mirta percibe las 24 horas del día.
"Incluso hemos visto encendedores incendiarse sobre una mesa por la ola de calor que emite el aparato. Vivir así genera un pánico que no le deseo a nadie; estuve años durmiendo fuera de mi casa porque no podía estar ahí", relató.
Denuncia de complicidad institucional
La denunciante cargó con dureza contra el Defensor del Pueblo saliente, Eduardo Cobos, a quien acusó de firmar certificados de "Libre de PCB" basados en estudios obsoletos, ignorando que ella misma le entregó en mano sus análisis positivos realizados en la Universidad de Buenos Aires (UBA). "En Tucumán no hay tecnología para detectar PCB en sangre; por eso me fui a la UBA. El resultado dio que estoy contaminada. Tengo un aceite cancerígeno en mi organismo que no es degradable", sentenció Mirta.
Abdala también señaló un "juego de desgaste" por parte de los organismos de control (ERSEPT, Defensoría, Medio Ambiente): "Me tenían sentada horas para firmarme una nota sin sello, o me daban números de expedientes nuevos para que los anteriores caduquen. Es un cinismo total".
La contaminación le quitó a Mirta incluso su pasión: la cocina. "Fui encargada de un restaurante, pero no puedo cocinar en mi casa porque estaría envenenando gente. Mi casa está tomada por la contaminación". Además, detalló las restricciones extremas que debe seguir para no acelerar el proceso cancerígeno: no puede usar tinturas, esmaltes con plomo ni desodorantes con aluminio.
"Al gobernador y a la provincia solo les sirvo para pagar impuestos. No tengo contraprestación, solo desamparo total", concluyó.