Ríos desbordados en Tucumán: sin un plan de cuencas, el riesgo de inundaciones persiste
Las lluvias dieron una tregua en Tucumán, pero especialistas advierten que el problema de fondo sigue intacto. Sin una planificación integral del manejo de cuencas y del uso del suelo, las crecidas y anegamientos continuarán repitiéndose.
Luego de varios días de precipitaciones intensas que provocaron inundaciones en distintos puntos de la provincia, el nivel de los ríos comenzó a descender. Desde la Dirección Provincial de Vialidad y Defensa Civil confirmaron que el retroceso del caudal trajo algo de calma a las zonas más afectadas.
Además, el Servicio Meteorológico Nacional anticipó una mejora en las condiciones climáticas, sin lluvias relevantes en el corto plazo. Esto permite avanzar con las tareas de asistencia, control y monitoreo, aunque el escenario sigue siendo frágil.
Diques en alerta y zonas aún complicadas
A pesar del descenso de los ríos, los diques de Tucumán continúan en niveles de alerta, aunque dentro de los parámetros de seguridad. La apertura de válvulas en Escaba y El Cadillal generó preocupación por posibles crecidas en el Marapa y el Salí, pero desde Defensa Civil aseguraron que la situación está bajo control.
En el sur provincial, localidades como Los Gómez, Villa Chicligasta y Ataona todavía presentan anegamientos. Allí siguen trabajando equipos de Desarrollo Social y Salud. En paralelo, rige una alerta amarilla en los Valles y zonas de montaña por posibles tormentas con ráfagas, actividad eléctrica y granizo.
La advertencia de los especialistas
Para el ingeniero agrónomo Marcelo Arzelan, experto en manejo de cuencas, lo ocurrido no es un hecho aislado. Según explicó, las inundaciones son el resultado de procesos que se vienen acumulando desde hace décadas en Tucumán y en otras provincias del NOA.
"El problema aparece cuando lluvias intensas se combinan con un uso inadecuado del suelo. Las cuencas pierden capacidad de absorción y el agua escurre de manera violenta hacia ríos y arroyos", señaló. El avance de la actividad humana, agregó, volvió el terreno cada vez más impermeable.
Producción afectada y falta de planificación
Arzelan remarcó que el impacto también es fuerte en el sector productivo: erosión, pérdida de suelos y conflictos en campos y fincas. En ese sentido, advirtió que las respuestas aisladas no alcanzan.
"Seguimos actuando de forma reactiva, apagando incendios. Sin un plan integral de manejo de cuencas, con participación pública y privada y una mirada a 20 o 30 años, el problema no se va a resolver", afirmó.
Para el especialista, las inundaciones recientes deberían ser una señal de alerta. Sin planificación y sin políticas de largo plazo, cada verano volverá a traer el mismo escenario: ríos fuera de control y poblaciones en riesgo.
FUENTE LA GACETA