La UIA le exigió respeto a Milei tras los ataques en el Congreso
Tras los dichos presidenciales en el recinto, la UIA y AEA emitieron comunicados defendiendo su rol en la economía.
La Unión Industrial Argentina, liderada en los hechos por los sectores más golpeados por la apertura, fue tajante: el empresario no es el culpable de las distorsiones estructurales que Milei denuncia. Al reivindicar que la industria aporta el 19% del PBI y sostiene 3,6 millones de empleos (entre directos e indirectos), la entidad advirtió que la adaptación al nuevo esquema no puede ser inmediata ni a cualquier costo.
El dato que duele: La industria ya perdió cerca de 65.000 empleos bajo la actual administración. Sectores como el textil han sufrido un desplome del 47,7%, mientras que la capacidad instalada de las fábricas está en un 53,8%, niveles históricamente bajos que superan incluso la crisis de la pandemia.
AEA: Apoyo con condiciones
La Asociación Empresaria Argentina, que nuclea a los dueños de las principales compañías del país, mantuvo un tono más conciliador respecto a la macroeconomía, pero igualmente firme en las formas. Valoraron como "muy positivas" las medidas de equilibrio fiscal y baja de impuestos, pero subrayaron la necesidad de un diálogo constructivo.
Para AEA, la estabilización es solo la primera parte; la segunda requiere "remover los obstáculos" (infraestructura, costos logísticos y presión impositiva) para que la inversión privada realmente florezca en una economía que ya no contará con el paraguas de la protección arancelaria.
El debate de fondo: ¿Proteccionismo o "Robo"?
El Presidente puso nombres y apellidos sobre la mesa: apuntó contra Paolo Rocca (Techint) por el precio de los tubos de acero y contra Javier Madanes Quintanilla (Fate) por el costo de los neumáticos. Para Milei, la protección comercialfueun mecanismo para "robarle" a los consumidores.
La UIA responde evocando a Carlos Pellegrini: "Solo vendiendo pasto no se construye una Nación". El cruce deja en evidencia la tensión entre dos modelos:
El del Gobierno: Una apertura rápida para bajar precios y eliminar "privilegios".
El de la Industria: Una transición gradual que garantice "competitividad equivalente" antes de abrir las fronteras totalmente, evitando que el ingreso de productos de países con subsidios (como China) arrase con las pymes locales.