Femicidio de Érika Álvarez: prostitución, droga y denuncias
Felipe Sosa había sido denunciado en 3 oportunidades por violencia de género y amenazas. Fue sobreseído. Las similitudes con el caso María Soledad Morales, son estremecedoras.
La Ciudad de Buenos Aires amaneció empapelada con una afirmación que se parece más a una condena por adelantado. ¿Es posible describir en seis palabras a una provincia? "Destino Tucumán, paraíso penal para violadores", rezan las paredes porteñas esta mañana.
El femicidio de Érika Álvarez es la gota que rebalsa el vaso y rompe, definitivamente, el cerco mediático tucumano.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, se atribuye al imputado Felipe Sosa que, entre la madrugada del día 07 de enero de 2026, aproximadamente a las 03:12 horas, y la mañana del día 08 de enero de 2026, en la ciudad de Yerba Buena de la Provincia de Tucumán, en circunstancias que son materia de investigación, Felipe Sosa dio muerte a Érika Antonella Álvarez, mediante el ejercicio de violencia física: directa, extrema y precisa, en la región más vital de su cuerpo, provocándole múltiples traumatismos en la región cráneofacial y cervical, sin contar con otras lesiones en la superficie corporal de Érika. En efecto, la víctima registró su última conexión digital/virtual activa en la localidad de Yerba Buena, en inmediaciones de domicilios vinculados al imputado, lugar al que concurría habitualmente para encontrarse con éste, entre ellos calle Frías Silva 1.336 y Santo Domingo 1.100.
Una vez que Felipe Sosa dio muerte a Érika Antonella Álvarez en la forma descripta, procedió a: embolsar el cuerpo de la víctima con tres bolsas de consorcio color negro; encintar las mismas, y atar con una soga negra a través de nudos especiales su cabeza y extremidades inferiores, de manera que con tal forma de amarre sea fácilmente cargado para descartar su cuerpo. Concluido ello, Felipe Sosa procedió a cargar el cuerpo de la víctima en tales condiciones, en un vehículo a determinar por la investigación y trasladar el mismo hasta un descampado que hacía las veces de basural, ubicado en las intersecciones de calles Williams Blis y Gerónimo Helguera de la comuna de El Manantial Sur, provincia de Tucumán. Posteriormente, el día 08 de enero de 2026, alrededor de las 16:00 horas, el cuerpo sin vida de la víctima fue hallado por las Sras. Juana Rosa Nieva y Juana Luna, quienes al advertir este hecho, dieron aviso a personal de la SAT que se encontraban en cercanías del lugar realizando tareas de mantenimiento, Sres. Visuara Jonathan Alberto y Navarro Santiago Matías, los que se comunicaron con el 911 a fin de dar conocimiento del hallazgo. Conforme el informe preliminar de autopsia, la causa de muerte fue determinada como traumatismo cráneo facial y cervical, con luxación temporomandibular, hematomas múltiples y lesiones cervicales, compatibles con un mecanismo de violencia ejercido por un tercero.
En una audiencia sin mayores conflictos de intereses, Felipe Sosa, el principal y único sospechoso de haber sido el autor del crimen de Érika Antonella Álvarez, la sacó barata. El fiscal Picón apoya las pretensiones del Ministerio Público Fiscal de calificar un femicidio como homicidio simple y el abogado querellante Carlos Garmendia, manso como potro recién palenqueado, acompaña esta aberración. Me pregunto en qué cajón quedó guardada la fuerza con la que acompañó en la primera etapa a Susana Trimarco en su lucha.
Silencio.
Dudas.
Impotencia.
En los pasillos de las redacciones de CABA suena un nombre con mucha fuerza: Justina Gordillo. Presecretaria de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán. Pareja de Felipe Sosa.
¿Qué declara la hermana de la víctima?
Que Gordillo unos días antes del femicidio, llamó a Érika para increparla.
Habla de fiestas de no más de cinco personas. De mucha droga. De una mujer de unos 40 años, prostituta, con un cuerpazo, que le bailaba a Sosa.
La testigo puntualiza el lugar exacto de las fiestas. Dos casas, ambas pertenecen a Sosa.
Aclara que lo sabe porque cuando Érika se quedaba sin crédito le pedía que le envíe un uber.
Que Sosa se hacía llamar "El Militar".
¿De dónde se conocían Érika y Gordillo, si la testigo declara que Álvarez solo iba de madrugada a lo de Sosa?.
Un empleado de apellido Manca declara que el 16/01 le ordenan llevar una camioneta Hilux hasta Pilar. La camioneta tenía en su interior una caja fuerte que debía entregarle a Sosa. La llave de la empresa y de la camioneta la iba a dar Justina Gordillo.
Gordillo y las hijas de Sosa tenían reservas aéreas desde Tucumán a Buenos Aires para el 21/ 01. Cuando detienen al acusado, las cancelan.
El 17/01 lo detienen a Sosa en un Hotel de Pilar, con el garage abierto y la moto que compró de contado en Tucumán.
Sobran datos para que el fiscal Carlos Picón la impute. Para que el abogado querellante haga algo. Sin embargo, una vez más, silencio.
Silencio.
¿Hasta dónde llega el brazo armado de Sosa? ¿Qué otros nombres rondaban las casas de Yerba Buena? ¿Quiénes lo frecuentaban? ¿De quiénes hablan cuando repiten el término ya acuñado por el jardín de la república, " los hijos del poder"?. Somos muchos y muchas los que estamos detrás de cada nombre: el árbol genealógico de la impunidad judicial tucumana es interminable, lo que nunca nos imaginamos es que la sangre de Érika uniría todo y traería el olor nauseabundo de palabras como trata, sometimiento, tortura.
Los ojos del país, son testigos del horror. No hay que ser demasiado inteligente ni saber de derecho para oler de lejos un juicio abreviado por 8 años para un femicidio en contexto de trata de personas por donde lo miremos.
Antecedentes que complican al Ministerio Público Fiscal:
Su ex mujer y madre de sus dos hijas, había denunciado en tres oportunidades a Felipe Sosa por violencia de género y amenazas. En sus declaraciones detalló varios episodios, entre ellos que " le tiró la camioneta encima". Sosa fue sobreseído.
Esta mujer, en la audiencia por el femicidio de Érika, declaró y pidió que la cuiden, porque cuando fue a hacer la denuncia en la comisaría de Yerba Buena, Sosa le mandó un cráneo con un agujero en el centro. Que le tiene miedo porque él se hace llamar " El profesional de la violencia".
El femicidio de Érika es, claramente, la gota de mierda que rebalsa una cloaca imposible de reparar.
En una provincia donde el atajo se transformó en el único camino posible dentro de los pasillos del Ministerio Público Fiscal, las denuncias por violencias son metidas en una bolsa negra de consorcio, como a la mujeres, y los nombres de las muertas y las abusadas, quedan, como los cuerpos de tantas víctimas, al costado de una ruta muy poco transitada llamada justicia.
Fuente: Noticias Argentinas. Nota de Carolina Fernández.