Día Mundial del Cáncer: "Los pacientes nos enseñan qué es lo que realmente importa"
En el marco del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer, la psicooncóloga Fernanda Montaña analizó el impacto emocional del diagnóstico y la importancia de un entorno compasivo para atravesar el tratamiento.
El diagnóstico de cáncer irrumpe en la vida como un factor de desorganización interna profunda. Según explica Fernanda Montaña, cocoordinadora de ALCEC, la angustia es una respuesta natural incluso cuando el pronóstico médico es alentador. El trabajo profesional y del entorno consiste, entonces, en ayudar al paciente a transitar ese caos para que pueda, eventualmente, volver a organizarse y tomar decisiones con claridad.
De la empatía a la compasión activa
En el abordaje actual de la psicooncología, el concepto de empatía ha evolucionado hacia el de compasión. Mientras que la empatía permite comprender el lugar del otro, la compasión suma una motivación activa para intentar aliviar ese sufrimiento.
Montaña destaca que no existen fórmulas únicas, ya que cada biografía es singular. Por eso, recomienda evitar la presión de "estar siempre positivo". Muchas veces, el mejor acompañamiento nace de una pregunta simple: pedirle al paciente que nos cuente de qué manera prefiere ser cuidado.
El cuidado de los que cuidan
El cáncer no lo transita una persona sola, sino una "unidad de cuidado" compuesta por el paciente y su entorno afectivo. En este ecosistema, el rol del cuidador primario es crítico, ya que suele ser quien carga con la gestión de turnos, medicación y el soporte emocional diario.
Es fundamental estar alertas a la "claudicación familiar" o el agotamiento de quienes acompañan.
El estrés del entorno impacta directamente en el paciente, quien a veces calla sus miedos para no angustiar más a su familia.
Cuidar a los cuidadores es una pieza clave para que el proceso terapéutico sea sostenible y humano.
La muerte y la finitud como maestras de vida
Hablar de cáncer terminal o del final de la vida sigue siendo un tabú social, pero abordarlo con franqueza es una necesidad clínica y humana. Montaña sostiene que, cuando el proceso de morir se transita sin negación y con los pendientes resueltos, puede transformarse en un momento de paz, amor y gratitud.