Crisis en el imperio Awada: Altatex paga sueldos no remunerativos
La dueña de Cheeky acordó con gremios licuar cargas sociales por tres meses. El 70% del salario será no remunerativo para evitar despidos.
La crisis de la industria textil alcanzó al corazón del holding de la familia Awada. El Grupo Altatex, dueño de marcas líderes como Cheeky, Awada y Como Quieres, firmó un acuerdo de emergencia con los sindicatos del sector para aliviar sus costos laborales. La medida, que rige entre febrero y abril, establece que el 70% de los sueldos se pagará como concepto no remunerativo.
A través de este mecanismo, homologado por el Ministerio de Capital Humano, la empresa queda exenta de realizar aportes y contribuciones a la seguridad social sobre la mayor parte del salario. Si bien el neto que percibe el trabajador no se modifica, la decisión es vista en el sector como un "último recurso" antes de avanzar con cesantías masivas.
Los detalles del acuerdo con los gremios
El entendimiento fue rubricado por tres organizaciones clave: UCI (Cortadores), SETIA (Empleados Textiles) y SOIVA (Vestido). Según pudo saber Tendencia de Noticias, la empresa se amparó en el Decreto 633/2018, que permite reducir cargas patronales ante situaciones de crisis demostrables.
Alcance: Afecta a más de mil empleados directos y una red de 70 talleres asociados.
Objetivo: Reducir el costo fiscal para mantener los puestos de trabajo en un contexto de caída de consumo y apertura de importaciones.
Contradicción: Paradójicamente, el presidente de la firma, Daniel Awada, se había manifestado meses atrás a favor de la apertura de importaciones para "regular precios".
El paso previo a los despidos
Especialistas en derecho laboral advierten que este tipo de acuerdos suelen ser la antesala de medidas más drásticas. "Es la herramienta de negociación para intentar evitar despidos; el empleador baja las cargas para poder seguir pagando el sueldo", explican fuentes del sector.
Esta situación en Altatex se suma a la parálisis que sufren otras plantas del rubro, como el caso de Topper en Aguilares, confirmando que la recesión textil no distingue entre pymes y grandes grupos económicos.