Caso Lebbos: el remisero Cruzado ratificó su versión, ¿llevó a Paulina en su último viaje?
Ante el tribunal que juzga a César Soto y Sergio Kaleñuk, el testigo repitió que trasladó a dos jóvenes aquella madrugada. Las coincidencias con el trayecto de Paulina son impactantes, pero las contradicciones sobre el destino final alimentan las dudas.
En el marco del juicio contra César Soto (ex pareja de la víctima) y Sergio Kaleñuk (imputado por encubrimiento), la declaración de Juan Pedro Cruzado era una de las más esperadas de este marzo de 2026. Frente a los jueces Morales Lezica, Romagnoli y Fradejas, el remisero relató -como si fuera un mantra- los hechos de la madrugada del 26 de febrero de 2006.
Según Cruzado, levantó a dos chicas en la zona del Abasto. Una se bajó en calle La Rioja al 400 (donde vivía Virginia Mercado, amiga de Paulina) y la otra continuó el viaje hasta las inmediaciones del Parque 9 de Julio. Específicamente, mencionó haber dejado a la pasajera en calle Cuba al 1000, a solo cinco cuadras de la casa de Soto, donde Paulina supuestamente se dirigía.
Los puntos críticos del testimonio:
Coincidencias fatales: El trayecto, el vehículo (un Fiat Duna bordó) y la parada intermedia en lo de Mercado encajan casi a la perfección con la reconstrucción histórica.
La duda del edificio: Mientras Mercado siempre dijo que se bajó en un edificio de departamentos, Cruzado hoy insistió en que la dejó frente a una "casa".
Sospechas permanentes: Cruzado pasó de ser testigo estrella a sospechoso de femicidio, y luego a imputado por falso testimonio. Aunque nunca se halló ADN de Paulina en su auto, los jueces del juicio anterior pidieron investigarlo por encubrimiento.
La mirada de Alberto Lebbos: El padre de Paulina presenció toda la declaración desde la primera fila, buscando en los gestos del remisero alguna verdad que todavía permanezca oculta.
Un proceso que no cierra
Pese a que Cruzado ya declaró en los juicios que condenaron a la cúpula policial de la gestión de José Alperovich, su situación procesal sigue siendo un limbo. Han pasado más de seis años desde que se ordenó investigarlo por falso testimonio y la causa no avanza.
Mientras tanto, el tribunal intenta determinar si Soto fue el autor material del crimen y si el poder político de aquel entonces, representado hoy en el banquillo por Kaleñuk, orquestó el andamiaje de impunidad que rodea al caso.