Calor extremo: por qué ya es una emergencia de salud pública y qué hacen las ciudades
Barcelona y São Paulo aplican planes concretos para mitigar las olas de calor urbano, que ya triplicaron la exposición mortal desde los años 80.
El calor dejó de ser solo una consecuencia del cambio climático para convertirse en una emergencia directa de salud pública. Las ciudades, donde el cemento y el asfalto retienen temperatura, son hoy la primera línea de impacto y también el lugar donde aparecen las soluciones más rápidas y efectivas.
En junio, Barcelona registró un récord de noches con temperaturas que no bajaron de los 26 °C. En São Paulo, las jornadas escolares se acortaron porque las aulas se volvieron inhabitables. En Europa, más de 2.300 personas murieron en solo 12 ciudades durante julio por el calor extremo. En Sudamérica, hospitales colapsaron por cuadros asociados a las altas temperaturas.
La evidencia es clara: la exposición al calor urbano mortal se triplicó desde los años 80.
Las "islas de calor" y el impacto desigual en los barrios más pobres
El fenómeno tiene nombre: islas de calor urbano. El hormigón y el asfalto absorben temperatura durante el día y la liberan durante la noche. Eso impide que el cuerpo descanse y se recupere.
El impacto no es igual para todos. En los barrios más pobres, donde hay menos árboles, menos espacios verdes y menos infraestructura, las temperaturas pueden ser varios grados superiores a las zonas más acomodadas. El calor sigue las mismas líneas que la desigualdad social, la pobreza y la salud.
Adultos mayores, niños y personas con enfermedades crónicas como asma, diabetes o problemas cardíacos son los más afectados. Incluso personas sanas pueden sufrir alteraciones en la respiración y la presión arterial ante exposiciones prolongadas.
Barcelona: refugios climáticos, sombra y agua
Ante este escenario, Barcelona adoptó un Plan de Calor integral dentro de su estrategia climática.
Las medidas incluyen:
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Ampliación de espacios verdes y zonas de sombra
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Instalación de fuentes de agua y refugios climáticos
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Sistemas de refrigeración en escuelas y viviendas
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Alertas públicas y protocolos durante olas de calor
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Refuerzo de asistencia a grupos vulnerables
La ciudad parte de un dato contundente: junio fue el mes más caluroso en un siglo y las proyecciones indican que las olas de calor serán más frecuentes y más largas.
São Paulo: hasta 10 °C de diferencia entre barrios
En São Paulo, casi 100 años de registros muestran un aumento constante de las temperaturas máximas. Pero lo más revelador es la desigualdad térmica: hay hasta 8 o 10 °C de diferencia entre barrios verdes y zonas densamente urbanizadas.
La ciudad puso en marcha la Operación Altas Temperaturas, que contempla:
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Carpas de enfriamiento
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Puntos de hidratación
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Ampliación de la capacidad de albergues
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Suspensión de actividades al aire libre
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Plan para crear una red permanente de espacios de enfriamiento
Los datos muestran que la vegetación urbana es una de las herramientas más efectivas para bajar la temperatura.
Plantar árboles puede evitar un tercio de las muertes por calor
Investigaciones recientes señalan que aumentar la cobertura arbórea en las ciudades podría prevenir más de un tercio de las muertes causadas por el calor.
Las soluciones no son tecnológicas ni futuristas. Son urbanas y concretas:
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Plantar árboles
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Crear superficies reflectantes
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Abrir centros de enfriamiento
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Rediseñar barrios con más sombra y menos cemento expuesto
El rol clave de las ciudades ante la falta de acción global
Mientras algunos gobiernos nacionales se alejan de los compromisos climáticos, la responsabilidad recae en las ciudades. Barcelona y São Paulo trabajan junto a más de 70 urbes en la Alianza de Ciudades Saludables, una red global que busca reducir enfermedades y lesiones en entornos urbanos.
El mensaje es claro: prevenir es más barato, más inteligente y más humano que atender las consecuencias.
Rediseñar barrios, plantar árboles y crear refugios climáticos tiene costos. Pero la inacción cuesta vidas. El calor extremo ya no es un fenómeno excepcional: es una amenaza cotidiana que exige respuestas inmediatas desde las ciudades.
Fuente: El País