Acuerdo UE-Mercosur: cuánto se demorará la implementación y qué implica para Argentina
En Argentina, se postergan beneficios arancelarios, inversiones y decisiones logísticas, pero también hay tiempo para mejorar el costo país.
El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, presentado como una oportunidad histórica para ampliar exportaciones y reducir aranceles, quedó virtualmente congelado tras la decisión del Parlamento Europeo de llevar el tratado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
Ese paso interrumpe el proceso de ratificación y abre un escenario de incertidumbre política y comercial, ya que el tribunal suele demorar entre 18 y 24 meses en analizar si el acuerdo es compatible con los tratados europeos. Mientras tanto, el tratado no puede avanzar ni implementarse.
¿Cuándo se implementaría? El calendario realista
Según expertos consultados, el freno no significa un rechazo definitivo, pero sí implica un retraso significativo. La implementación podría demorarse al menos entre 18 y 24 meses, aunque ese plazo podría extenderse si el fallo es negativo o si se reabren debates políticos en la UE.
Además, incluso si el Tribunal se expide a favor, el proceso requiere:
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Una nueva votación en el Parlamento Europeo.
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Posibles revisiones y presiones de sectores sensibles, especialmente el agro.
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La ratificación de los países sudamericanos del Mercosur.
En paralelo, la Comisión Europea tiene la potestad de activar el acuerdo de manera provisoria, pero solo después de que al menos la mitad de los congresos de los países del Mercosur ratifiquen el tratado.
Impacto inmediato en Argentina: expectativas y planes postergados
Para Argentina, el freno significa una combinación de:
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Beneficios arancelarios postergados para productos clave como carne, aceites, vinos y alimentos procesados.
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Inversiones detenidas por la falta de certezas sobre el acceso preferencial a un mercado de más de 700 millones de consumidores.
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Decisiones logísticas y comerciales en pausa, en un momento en el que ya se proyectaba un salto en el comercio bilateral (que en 2025 superó los US$66.000 millones).
El investigador Horacio Pereira, de la Universidad Austral, destacó que el freno introduce un nuevo nivel de incertidumbre para exportadores y operadores comerciales, que ya venían lidiando con idas y vueltas políticas.
La pausa también deja en evidencia el costo país y la logística
La suspensión no solo retrasa beneficios: vuelve a poner sobre la mesa los desafíos estructurales argentinos que, incluso con el acuerdo vigente, serían clave para aprovecharlo.
La logística aparece como un factor central. Desde Interborders, empresa especializada en comercio exterior, señalaron que la eliminación de barreras arancelarias solo se traduce en ventajas reales si la Argentina mejora su capacidad logística.
Entre los puntos pendientes aparecen:
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Infraestructura vial y portuaria
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Integración de corredores productivos
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Digitalización aduanera y ventanilla única
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Reducción del costo país
Lucas Bianchi, CEO de Interborders, remarcó que la logística debe dejar de ser un actor pasivo y convertirse en un motor estratégico de competitividad regional.
Una ventana para hacer reformas internas antes de la implementación
Aunque el freno genera frustración, también abre una ventana para que Argentina avance en cambios estructurales sin depender de la ratificación europea.
El país puede usar este tiempo para:
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Reducir cuellos de botella logísticos
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Mejorar tiempos de tránsito y costos operativos
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Fortalecer infraestructura y digitalización
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Preparar cadenas productivas para un aumento de demanda
En síntesis, el acuerdo UE-Mercosur sigue siendo una promesa de reconfigurar la inserción internacional de Argentina, pero la pausa obliga a recalibrar expectativas y a concentrarse en reformas internas que serán clave cuando el tratado finalmente se implemente.