La caja negra del marketing militar: el plan de la dictadura para engañar al mundo

A 50 años del 24 de marzo de 1976, la salida a la luz de archivos confidenciales desnuda el contrato entre la Junta Militar y la agencia estadounidense Burson-Marsteller. Con fondos del Tesoro Nacional, el terrorismo de Estado compró un "escudo retórico" para silenciar las denuncias internacionales.

El millonario contrato con Burson-Marsteller

En octubre de 1976, mientras el aparato represivo se consolidaba en la clandestinidad, la Junta Militar selló un pacto cínico con la consultora Burson-Marsteller. El objetivo era neutralizar la "campaña antiargentina", nombre que los militares daban al flujo de denuncias por desapariciones. Para ello, el gobierno de facto destinó 1.2 millones de dólares de la época, una cifra astronómica extraída de los fondos públicos, para ejecutar una operación de marketing político diseñada para "limpiar" la imagen del país y asegurar créditos externos.

Viajes "quirúrgicos" y periodistas captados

La ingeniería de este engaño, detallada en un manual de 155 páginas titulado "Un programa de comunicaciones internacionales para la Argentina", se basaba en la manipulación de la percepción. Según los documentos que desclasificó la Cancillería, la agencia recomendó evitar la publicidad directa y apostar a las "experiencias personales". Así, se organizaron viajes con todo pago para editores influyentes de todo el mundo, quienes recorrían una Argentina de "cartón pintado" mientras, a pocos metros, funcionaban centros clandestinos de detención.

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El entrenamiento de voceros y el lobby diplomático

La estrategia no se limitó a la prensa; transformó a las embajadas en oficinas de relaciones públicas. Burson-Marsteller entrenó a diplomáticos y funcionarios del régimen para evadir preguntas sobre derechos humanos y desviar la atención hacia la supuesta "amenaza terrorista". Mediante seminarios de oratoria y almuerzos informales con figuras de poder en el exterior, el lobby buscaba sembrar dudas sobre los testimonios de los exiliados, quienes ya instalaban el concepto de "desaparecido" en las redacciones de diarios como Le Monde.

La captura del sentido común y el Mundial 78

El pico máximo de esta operación psicológica se alcanzó con la campaña "Los argentinos somos derechos y humanos". Lo que nació como una asesoría técnica de marketing terminó convirtiéndose en un eslogan nacionalista que capturó el sentido común de gran parte de la sociedad civil. Esta inversión publicitaria fue el cimiento del Mundial 78, donde el régimen logró que el mundo mirara hacia otro lado durante los años más sangrientos de la dictadura, utilizando el dinero de las propias víctimas para financiar su silencio.

El archivo de la Dirección de Asuntos Externos

La desclasificación de estos documentos, promovida durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner a través del Archivo de la Dirección de Asuntos Externos (DAE), permitió conocer la profundidad de esta "batalla de percepciones". Hoy, a cinco décadas del golpe iniciado por Jorge Rafael Videla, estas pruebas del delito confirman que la dictadura no solo utilizó la fuerza física, sino también una sofisticada maquinaria de comunicación para garantizar su impunidad y legitimidad internacional.

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